Bienvenidos a otra edición de El Nido del Cuervo, donde sus fantasías no sexuales se hacen realidad… A cambio de su Alma inmortal…
Después de mucho tiempo sin dar señales, y como tengo la casilla llena de peticiones de ustedes, queridos lectores, vuelvo al ruedo “columneril” con un tema de hondo contenido social y político, de esos que les gusta tanto a todos.
Bueno, tampoco tan social y político, que después se me arma lío con algunos lectores. Ustedes saben bien de quienes estoy hablando, así que no se hagan los desentendidos.
Mientras escribo estas líneas, estoy tratando de pensar un nuevo tema que haga las delicias de grandes y chicos. Pero hasta ahora estoy fallando miserablemente, porque estoy jugando con Kanna{RVN} al Gauntlet: The Seven Sorrows, un Beat 'em up bastante adictivo para PS2. Si, el Tío Raven también disfruta de los videojuegos como el resto de los mortales, solo que de una forma mucho mas elegante. Y viendo como se desarrolla este juego, no puedo dejar de pensar como funcionan las relaciones BDSM.
Como se puede integrar un videojuego de pegarle a bichos malos con el BDSM, se preguntaran ustedes, mis afamados lectores. Y la respuesta, mis estimados, es que en este juego, al igual que en las relaciones BDSM se necesitan mínimo dos personas para poder alcanzar una experiencia mas satisfactoria. ¿Y como deben funcionar estas dos personas? En el juego, cada personaje tiene (o debería) tener una misión (posición) asignada para poder completar el objetivo, además de características y poderes especiales, el cual es mantenerse sano y salvo durante todo el trayecto hasta el jefe final. Uno de los dos personajes debe preocuparse que al otro no le pase nada mientras se dedica a conseguir el objetivo, al igual que en el BDSM. Se que esto suena un poco rebuscado y traído de los pelos, pero esto es El Nido del Cuervo, donde todo es rebuscado y traído de los pelos pero revestido de una patina pseudo-cultural que tanto atrae y divierte a la comunidad. Si Marx estuviese vivo diría que esta columna es “El Opio de las Masas” (si, comparo esta columna con la religión, ¡demándenme!), pero lo diría en alemán y nadie lo entendería. Es mas, haría un chiste de alemanes. Y si hay algún alemán entre los lectores, le digo que me pase “das bier”.
A partir de esto, queridos lectores, podrán darse cuenta de mi capacidad demente de escribir una columna sin tener ningún tema aparente, y vincular el BDSM con un simple juego de PS2. Además, voy a estar en la feria del libro, firmando mi nuevo libro “Como hacer amigos y conservarlos – Una guía practica de supervivencia en los Andes” en el stand de Editorial Hannibal. Si, ya sé, esta no es una de las columnas a las que los tengo acostumbrados, pero ténganme paciencia, acabo de comerme un huevo de Pascua y estoy jugando a la Play.
Bueno, vayamos redondeando para darle a esto un final a toda orquesta, con explosiones y ballet acuático. En una relación BDSM, cada uno debe cuidar al otro, sin importar el rol que tenga, para que ambos puedan llegar hasta el final de la misión de manera satisfactoria.
Como estamos en Pascuas y como yo, RavenCrow, no quiero molestar a nadie. Si, leyeron bien, hoy no voy a molestar a nadie. Solo les puedo decir: ¡¡¡LA CASA ESTA EN ORDEN!!!