¿Navegaron alguna vez por alguna (buena) página especializada en equipamiento BDSM? Es muy probable que sí. Y es muy probable también que les haya dado ganas de comprarse una cuantas cosas. Surgen entonces algunas dudas, muy comunes sobre todo en principiantes, pero que también he escuchado de boca de personas con muchos años en el BDSM, acerca de cuánto equipo es necesario tener, qué elementos son indispensables, cuáles son opcionales, cuánto hay que invertir "como para empezar", y otras por el estilo.
Lo primero que tenemos que tener en cuenta, es que nunca vamos a tener tantos elementos como quisiéramos. Siempre, siempre, vamos a encontrar algo nuevo que nos guste y no tengamos. Lo segundo, y no por eso menos importante, que tenemos que tener en cuenta, es que para llevar a cabo una sesión de BDSM, descontando a nuestra pareja, no necesitamos más que nuestra mente y nuestro cuerpo (y a veces ni siquiera es indispensable este último).
Una vez incorporados estos dos preceptos, los elementos que vayamos queriendo incorporar, pueden surgir de tres grandes grupos: los comprados, los fabricados, y los transformados, cada uno con sus ventajas y desventajas.
Los comprados tienen un obvia ventaja: la comodidad. La mayor dificultad puede estar en encontrar dónde venden lo que queremos, pero una vez sorteado esto, no hay más que desembolsar el importe, y tenemos una fusta lista para usar. Si nos tomamos algo más de trabajo en la búsqueda inicial, contamos además con la ventaja de una gran calidad, tanto estética como material. La desventaja principal es que la especialización es directamente proporcional al precio. Si queremos una fusta un poco más larga de lo usual, o con un mango que ajuste mejor a nuestra mano, el precio irá aumentando; eso suponiendo que encontremos quién nos la fabrique a medida.
Los fabricados, descontando el costo notablemente menor, tienen algunas otras ventajas. Por un lado, los podemos hacer exactamente como queremos, hasta el más mínimo detalle. Por otra parte, azotar con una estándar igual a la que usan todos, y hacerlo con una hecha por nosotros mismos (o aún mejor, por la persona que será azotada), se siente muy diferente. Y contrariamente a lo que se piensa, con un mínimo de práctica y dedicación, se pueden obtener resultados de una calidad muy aceptable. Además, el fabricar uno mismo sus elementos, permite todo un proceso de preparación, testeo, modificación y ajustes, que puede perfectamente realizarse en pareja, agregándole un sabor muy especial.
Finalmente, los transformados son, a mi gusto, los elementos más interesantes. Se trata de buscar elementos de uso diario, y darles finalidades muy diferentes a las originales. Desde el cinturón/látigo que todos conocemos, hasta el bastón/vara, pasando por una infinidad de elementos. Una rueda de costurera hace las veces de "pinwheel" (o "rueda de Wartenberg"). Los broches de madera, o los que usamos para papelería, sirven como pinzas para pezones. Una espátula funciona perfectamente como paleta para azotar. Ejemplos hay cientos, sólo hay que exprimir un poco la creatividad. Un detalle extra respecto de estos elementos, es que luego de usarlos en una sesión, no tienen por qué dejar de cumplir su función original, lo que puede provocar muy buenos recuerdos (y algunas otras reacciones también), la próxima vez que se use esa espátula, o que nos pongamos ese cinturón.
No voy a negar que muchos elementos son imposibles de fabricar uno mismo, y que muchas veces contar con equipamiento "profesional" amplía mucho nuestras posibilidades, pero no dejemos de ejercitar la creatividad, y probar nuevas ideas. Sino, ¿qué vamos a hacer la próxima vez que el BDSM nos sorprenda lejos de casa, sin una fusta cerca?