No es fácil construir un rol y mantenerlo: llevar estas relaciones adelante donde uno interpreta de algun modo un papel por encima del comportamiento diario y permitido por la sociedad.
Es un ejercicio que requiere, muchas veces, largas puestas en común con otras personas que estén viviendo las mismas cosas que uno.
El equilibrio es delicado, los gestos son importantes... es necesario poder tomarse una licencia, una vacación de lo cotidiano.
Todos tenemos mil cosas en la cabeza: actividades, responsabilidades, cosas de las que ocuparse. Asi y todo; metidos como estamos en estas lides, debemos esforzarnos supremamente por mantener, los símbolos, la magia, los gestos.
¿Puedo comprender una llegada tarde? ¡Claro que sí! pero no ayuda a la construcción del rol: nos pone en pie de igualdad, nos convierte en amigos que sesionan.
¿Puedo cambiar un día por otro para vernos? En ocasiones sí, pero a la larga sabotea la jerarquía en que se basa la relación.
¿Puedo no recibir noticias de mi sumiso, y tomarlo como si nada cuando me da las excusas del caso? Si, pero...
¿Puedo perdonar el olvido del collar en una sesión? La verdad que no.
En todos estos casos, las faltas deberían haber sido tomadas en cuenta, no comprendidas. Castigadas, no exoneradas. Porque cada vez que cedo, erosiono mi poder sobre el sumiso. Mi sumiso tiene un Ama para que ejerza de Ama. Y yo lo tengo a él para sentirlo plenamente mío. Cada vez que la comprensión, los sentimientos y la "buena onda" entran en juego, termino frustrada y descontenta. Y el origen de todo eso es, justamente, que no estoy saciando mi necesidad de ser Ama, de sentirme Ama, de ejercer el Poder. Del mismo modo, el sumiso se frusta y se vuelve indolente y distraído, porque el rigor que busca tampoco le está siendo concedido, con la consigueinte imposibilidad de ejercer su rol. Si me da lo mismo que haga las cosas bien o mal, si comprendo y olvido... ¿qué valor tiene el esfuerzo?
Del mismo modo, cuando llegamos a una sesión distraídos, cansados, pegoteados o sensibles, lo que logramos es estar pendientes de mil detalles en lugar de concentrar todos nuestros esfuerzos en el goce físico, en la reacción del cuerpo, en desprendernos de quiénes somos para ser quienes tenemos que ser entre esas 4 paredes. La emotividad debe quedar afuera, para dar paso al erotismo. El aftercare es el momento para todo lo demás. Enfocarse en las diferentes etapas y disfrutarlas por separado, es algo que ayuda al disfrute de una sesión. Tengo que poder ser sádica, tengo que sentir que "mi capricho es Ley" sin dejar de cuidar pero no sobreprotegiendo. Necesito enterarme de lo que pasa en el otro.
Ser caprichosa no es un lujo, es una necesidad. Si estoy furiosa, o triste o enojada, debo dejarlo fluir. Si quiero estallar... debo hacerlo.
Reprimir esos sentimientos solo me frustra como Ama.
Los sentimientos, pueden a veces entorpecer la visión global de lo que acontece. Es lindo quererse, es necesario quererse y es enriquecedor quererse, pero no hay que perder de vista los roles, las asimetrías y las diferencias. Todo lo que al final nos hace sentir felices.