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Una arriesgada interpretacion de Sade

De Rosas y de Espinas

El útero que no da flores, da espinas decían nuestras abuelas empujando a nuestras madres a casarse lo antes posible y así procrear descendencia de su sangre, que vendríamos a ser nosotros, seres un poquitín más traviesos quienes, sorpresas que da la vida, nos gusta leer cosas como “...en todas partes hay espinas pero en la carrera del vicio encuentras rosas sobre ellas”. Así le hace decir Sade a  la inolvidable Mme. St Ange en “La filosofia del tocador” (Tercer dialogo).

Las rosas y las espinas, ¿cuáles son? ¿En dónde están?

Yo confieso haberme herido y haber sangrado bastante durante varios años habiendo sabido muy poco de los goces que Mme. St Ange le prometía a la deliciosa Eugenia. Pero también, ahora, yendo y viniendo de este y de aquel lado del espejo, sé de los que dicen “¿Cómo haces si tenés hijos?” Cuántas veces habremos tenido que explicar aquello de cómo ser una mami Dómina o una mami sumisa. En una palabra: cómo ser mujeres muy sexuadas sin dejar de ser reales.

El puente que salva el abismo de las penosas fantasías es empinado y frágil, llámese “vivir como una quiere”. La sociedad ha dictado reglas y pretende, no solo su cumplimiento, sino que seamos felices al obedecerlas. Vivir fuera de la ley requiere un altísimo grado de honestidad (Bob Dylan dixit) y considero que la clave para equilibrar la imposición es ser honesta y prudente, tanto como evitar lastimarme como para clavar espinas en la piel de los demás. Y desde esa honestidad, debemos preguntarnos si en esa deliciosa carrera, ¿son las espinas la vida con nuestros hijos, la familia, el amar a nuestros Amos/sumisos en el caso que sean nuestros esposos?. ¿O las espinas están en la imposibilidad de hacernos entender por nuestros cófrades de esta comunidad BDSM que somos mujeres (por ejemplo, las Amas) que simplemente gozamos de un dado rol sexual y no las hechiceras despiadadas que pueblan los mitos nacidos de fantasías calenturientas de algunos?

¡Qué importante es evitar rodearse de espinosos entornos tóxicos y entristecedores  para que nuestras rosas florezcan!

Uno de los mas hermosos perfumes que las mujeres somos capaces de emanar es el de la alegría. Alegría para vestirse, para coquetear, para el goce de lo domestico, para gozar la vida sin culpas ni remordimientos, sin expiaciones ni complejos, alegría para contagiar. ¡Y qué poca alegría captamos de las demás féminas marchitas!  Aunque, pensándolo bien, claro, ¿cómo nos van a mirar bien en las reuniones de madres o en el café edulcorado de la oficina? Somos las “puerquitas” que nos gusta el sexo bien sucio, lo hacemos gratis, y nos quejamos si nos falta (¡y cómo nos quejamos!) Siempre se nos escapa un “toque” en la vestimenta o en el arreglo o en la actitud o en el fraseo y nos condenamos solitas a la profecía de las espinas de las de afuera. Y encima, sonriendo, porque atrás de esas espinas florecemos.

Ese sexo aterciopelado, húmedo, es nuestra rosa turgente pero también puede ser nuestra espina áspera y seca (nuestra, no la de afuera) si permitimos que el mito de la “mujer sado” se nos cuele por detras del espejo y arruine con su fantasía la realidad del aroma que logramos emanar en el ardor del deseo.

Escrita por LadyRoxy el sábado 4 de julio de 2009 Compartir

Comentarios

MOSHE dijo:
29 sep '10 20:32hs
Siento que Lady Roxy apuesta por la incitación a las endorfinas. Invita a las mujeres a acoger tiempos de mujeres. Por una rosa mosqueta con su floración. A celebrar una nueva Citerea. A engalanar sus mirtos. Que consagra Baudelaire en su viaje... "Bella isla de los mirtos verdes plena de flores abiertas Venerada eternamente por toda nación Donde los suspiros de los corazones en adoración Envuelven como un incienzo sobre el rosedal"
v 2.5b