Se han creado demasiados mitos erróneos alrededor de este tema; creo que es hora de que alguien intente al menos dar alguna información certera sobre el mismo.
Muy en desacuerdo con la idea que los novatos y los vainillas (y lamentablemente muchas personas con experiencia) suelen tener, debido a la influencia de las películas y relatos que pueden llegar a tener a su alcance, Dominar NO es simplemente sentarse en un sillón y empezar a gritar órdenes e insultar a un ‘’gusano insignificante e inferior’’.
Dominar a alguien es lograr que por X motivos (léase respeto, admiración, poder mental, o lo que sea que lleve al sumiso a someterse), esa persona decida entregarnos el control sobre la situación y sobre ella misma. El que debe decir que si o que no al principio es, en definitiva, el sumiso: eso es la verdadera entrega: sin –obligar (en el sentido estricto de la palabra) a nadie a nada.
Ahora bien, una vez que el sumiso toma esa decisión de entrega, se deposita una gran responsabilidad sobre el Dominante: tiene a su completa disposición a una persona que se encuentra en una situación de especial vulnerabilidad y exposición, y en la que, si no se actúa con responsabilidad, puede salir lastimada tanto física como mentalmente. Es por eso que es el deber del Dominante cuidar a su sumiso; recordar que es su tesoro, (ya que sin él no podría expresar ese lado de su personalidad), y cuidarlo como tal.
La forma de hacer esto es siempre actuando dentro de lo consensuado, informándose y teniendo pleno conocimiento de lo que se va a hacer. Cualquier práctica dentro del BDSM tiene su grado de riesgo; es por eso que siempre debe conocerse la técnica que se aplicará y tener en cuenta todas las medidas de seguridad que sean necesarias. Por último, es importantísimo recordar que el sumiso es también una persona que piensa, siente y merece respeto; sólo podemos esperar respeto de una persona si nosotros también se lo demostramos.
El segundo gran deber del Dominante es guiar a Su sumiso; enseñarle la manera correcta de complacer a su Amo y educarlo en el mundo BDSM transmitiéndole tanto nuestra visión de las cosas como las demás existentes (que sea nuestro sumiso no implica que deba pensar como nosotros). Así mismo, es nuestra responsabilidad guiarlo para que se conozca cada vez más (sus gustos, deseos y límites) y pueda explotar al máximo su potencial de sumiso para disfrutarlo junto a nosotros.
Ahora bien, además de guiar y enseñar a su sumiso, el Dominante debe recordar que no es un Dios perfecto y omnisciente, (más allá de arriesgarme a que una horda de Amos enfurecidos me persigan con sus fustas), y que él también puede aprender de su sumiso. Y de hecho, debe aprender a conocerlo y a manejarlo de la forma que él requiere para poder someterse (todos sabemos que no se puede tratar a todo el mundo de la misma manera, y no serán necesariamente las mismas razones las que llevan a entregarse a los diferentes sumisos). Para y por esto, son necesarias la comunicación y la confianza mutuas.
En conclusión, la Dominación es un arte que requiere práctica, dedicación, responsabilidad, interés y conocimiento, y que no debe tomarse sólo como un juego en el que se pega y se es grosero con otra persona.