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La importancia del contacto

El toque de Midas

Soy una mujer que ha vivido intensamente la época de los “lentos” en los boliches durante mi adolescencia. Eran los temas que nos permitían nuestras primeras aproximaciones al roce físico-sexual. La sensualidad no tan implícita y más bien explícita de la danza “cuerpo a cuerpo” nos daba señales vibratorias que amenazaban con destruirnos si no nos incendiábamos en una frenética masturbación al llegar a casa.

La danza como perfecta excusa nos sirve para descubrir cuánto feeling existe entre nosotros y nuestro partenaire. ¡Qué gran similitud con la kiné de nuestras sesiones! sean éstas planificadas o espontáneas. El roce de la fusta, el spanking, las ataduras... todo contribuye a la sensación maravillosa de abastecer nuestra necesidad básica de contacto físico. Me lo han dicho y lo he creído, y lo creo, que mi fusta ha provocado mas excitación que la mas salvaje de las apoyadas de colectivo.

Muchos de nosotros somos fetichistas. Cómo explicar con palabras ese banquete de sensaciones, el placer del siseo ennylonado subiendo por la pierna femenina o feminizada, el  chasquido del látigo o la palmeta, el silbido de una vara, la caricia fálica de uñas puntiagudas, tan amenazantes y quizá por eso, subyugantes, el sonido de los tacos en el parquet o la cerámica adivinando los seductores pasos de su portadora, las cremalleras abriéndose y cerrándose. Toda una fiesta de sonidos y sensaciones reservada a aquellos sibaritas capaces de apreciarlas en su justo esplendor.

Amo tocar, a veces  sin necesitar las manos, amo el roce, la caricia, el tanteo.

¿Cuántas veces vale más que las palabras?

El grado de sensaciones aumenta cuando estos rituales entre cuerpos vienen acompañados con el susurro o el gemido libidinoso y la penumbra cómplice.

Tantas veces actuamos como si el contacto con otra piel nos fuera a devaluar. Nos volvemos intocables. estatuas de concreto frío.  Pero para el otro, la única forma de valorar nuestra piel (piel de epidermis, de látex o de seda) es haberla probado. No se puede valorar lo que no se conoce. Hacernos cargo de la sensibilidad táctil en el BDSM es poner en marcha la más poderosa de las conexiones. Esa piel deseada se convierte en oro a cada toque.

Cuenta la leyenda que el rey Midas transformaba en oro lo que tocaba. Nuestro toque no será el de Midas pero vivámoslo con la expectación que estamos entregando a cada ser tocado, un momento singular e irrepetible.

Escrita por LadyRoxy el domingo 13 de junio de 2010 Compartir

Comentarios

16 jun '10 14:11hs
gracias por esta columna... no hay nada mas hermoso que el calor de otra persona, percibirlo por medio del tacto no tiene precio.
Flordelis dijo:
17 jun '10 18:46hs
Que buena analogía LadyRoxy. Entre el roce en el baile y las sesiones bdsm. Yo lo siento exactamente así, aunque estamos en roles opuestos. He descubierto que me encanta y siempre me atrajo el sado no por masoquista si no por fetichista, sobre todo de lo sensorial y fundamentalmente lo táctil. Toda la piel es nuestro órgano, que maravilla divina! Y perfecta también la comparación del toque deseado con el del Rey Midas. Como me gusta como escribís. Sos una grossa Besitos y felicitaciones
LadyRoxy dijo:
19 jun '10 21:01hs
Ustedes hacen que cada dia me guste mas lo que voy aprendiendo de la experiencia. El feedback explicito tiene un amplio valor de diagnostico para los que escribimos con tanto amor. Simplemente gracias princesitas y amigas.
Mystik dijo:
29 oct '10 00:59hs
me encanta!
v 2.5b