De acuerdo al Mandato, debería tener siempre un gesto adusto en mi mirada, como una imponente estatua de la virilidad.
Debería tronar con mi voz de roble sin grietas, imponiendo mis palabras con dureza a sumisas y rivales. Dejando claro que no necesito fundamentos sólidos.
Un león nace león y punto, no necesita justificarse. Nació siendo Rey.
Debería exigir el más estricto trato protocolar, hasta agobiar toda naturalidad en el trato personal. Y sobre todo; hasta aniquilar ese humor espontáneo de mi sumisa, que como enseña el Mandato, seguramente es una burla implícita a mi marmolínea estampa.
Debería implicar con tono condescendiente mi rechazo velado al "safe word", que solo acepto por pragmatismo. Esas sumisas jóvenes tienen cuerpos irresistibles, pero vienen con la idea de decidir sus propios límites, obligándome al ejercicio humillante de consensuar, como si estuviéramos en pie de igualdad. Las mayúsculas y minúsculas no se toman en serio. Si mi nombre se escribe con mayúscula es obviamente porque soy superior. Soy un AMO.
De acuerdo al Mandato, debería ser despectivo con los sumisos heterosexuales, esos imperdonables traidores a la raza masculina. De hecho debería tratarlos peor que a los homosexuales, que por lo menos lo hacen entre ellos, y no se doblegan indignamente ante una mujer. Una negación aberrante de la Verdadera y Unica Masculinidad.
Debería eyacular siempre a la vista de la sumisa, para demostrarle una y otra vez que soy Absolutamente Hombre. Rindiendo sin mácula alguna, el examen de Varón potente y siempre listo. Dejando claro además, que no soy un simulacro de hombre. Como esos sumisos heterosexuales, que no solo se dejan penetrar como mujeres y por mujeres, encima realizan ese ridículo acto de sesionar sin sexo, y sin eyacular.
También debería tratar con altiva indiferencia a esa contradicción absurda del BDSM: la AMA. Esa A al final evidencia con claridad la contradicción del término. Y dice mucho de su envidia y el patético intento de emular nuestra naturaleza.
Debería también seducir a las que me atraigan, tratándolas como sumisas, así mato dos pájaros de un tiro. Consigo sexo para esta noche, y las rescato de su lamentable error.
Debería tratar con ironía a los Switchs, la quinta esencia de la indecisión. Que en vez de aceptar que no saben lo que quieren, defienden con soberbia su indefinición.
De acuerdo al Mandato, debería iluminar a los ignorantes y novatos sin hipócrita humildad, enumerando mis prácticas como lo que realmente son: las únicas que representan al más puro y auténtico BDSM.
También debería acosar a todas las mujeres del chat, con o sin collar, tratándolas como lo que son, aunque su histeria lo niegue. El Mandato explica claramente que es una mujer, y sin argumentos rebuscados: si sos mujer, sos Puta por naturaleza y en todos los ámbitos de tu vida, te gusta serlo y que te traten como tal
Y por supuesto debería enviarles un primerísimo primer plano de mi instrumento de dominación, lo que realmente me define como hombre: el centimetraje glorioso de mi pene.
Si. Todo eso debería hacer y pensar, para recibirme de Auténtico Amo Dominante, según el Mandato, y con todos los honores.
Y a mi realmente me gusta el BDSM. Y lo que me da placer es dominar, no obedecer como un esclavo cada regla del Mandato.
Que problema, ¿no?