¿Alguna vez te has preguntado si te animarías a sesionar en público?, y, ¿Como en otros temas, has dicho de esta agua no he de beber?, y ¿Como muchas veces, has tenido que retractarte?
En el principio era el juego privado. El juego íntimo con quien hemos construido un vínculo. La complejidad de una relación y la entrega. Construir confianza propia y confianza en el otro. Concretar las fantasías de a dos y disfrutar de explorarnos mutuamente. Un vínculo que se afianza crece, evoluciona, muta. En el principio, fue sentir que el placer y el disfrute era exclusivamente eso, sentir que gozar se reservaba para la confianza.
Con el acumular de práctica, las fantasías se fueron diversificando, quizá complejizando. Y sólo uno más ya no fue suficiente para concretarlas. El juego público se fue instalando y con él la posibilidad de interactuar con otros. Encontramos que necesitábamos de otros para que cierta escena tuviese sentido, necesitamos de la mirada ajena para completar la obra.
Nos dimos cuenta que la intimidad no era una variable absoluta del juego. Y vimos en el evento la posibilidad de concretar muchas fantasías que necesitaban de público. Un juego con reglas, con actividades prohibidas que nos invita a ser creativos a la hora de proyectar que hacer. Un juego con implementos que muchos no tenemos al alcance en casa, herramientas, que colaboran para multiplicar las posibilidades.
El juego de lo inmediato, el juego de lo desconocido, el juego de lo finito.
Cada sesión pública es una performance donde no solamente jugamos con el sumiso/a , es una experiencia compartida por todos los que contemplan, comentan y sugieren acciones. El público es parte de la escena. Y forman parte del disfrute.
Cada sesión es un espacio de complicidad con otros dominantes donde el sumiso/a en cuestión es una "víctima" de las ideas de todos. Las otros son incluidos en el juego pasiva o activamente.
Juego público, un momento para concretar fantasías y para algunos la única posibilidad de llevarlas a la práctica.
La realidad de todos los presentes converge en ese espacio tiempo que es un evento. Entonce nos preguntamos ¿Por qué no dedicarse a jugar por jugar?