Una de las principales visiones de la mitología que circunda al BDSM es la imagen clásica de la dominatriz. Esa mezcla de hada fetiche, heroína de comic y princesa perversa que suele llevarse gran parte de las miradas en cualquier evento sadomasoquista en cualquier parte en donde se celebre. Creo que las dominatrices reales (madres, esposas, trabajadoras, estudiantes) somos víctimas de ese mito cuando no encajamos en ese modelo de Gatúbela escultural, pero también victimarias, porque lo usamos y lo recreamos permanentemente.
Nuestra contraparte, la otra cara de la moneda, los sumisos, sin los cuales para nosotros nada tendría sentido, forman parte activa de esa mitología. No son objetos pasivos adoradores. Justamente, yo observo que los que los lleva a adorar, a someterse, al "subspace" (si existe), es la proyección en una mujer de sus propios deseos y fantasías.
¿Hasta dónde deben coincidir esa fantasía masculina y la realidad femenina? Yo creo que hasta donde la mujer dominante lo decida. El ideal (inalcanzable) es una intersección perfecta, absoluta. Basar la relación en el cumplimiento de las fantasías del sumiso es un despropósito, tan despropósito como el ignorarlas. Ambas partes debemos adaptarnos y comprendernos para poder disfrutarnos.
Si la intersección entre ambos mundos es pequeña, la relación no prosperará. Si queremos que dicha relación prospere, tendremos que agrandar esa intersección. Si el sumiso no aporta desde su hombría, será seguramente rechazado. Ocurre todos los días que las amas nos topamos con propuestas que se basan casi exclusivamente en fantasías varoniles sumisas inconclusas, con muy poco lugar para nuestro juego. Dichas propuestas caen fácilmente en el cesto de papeles... pero qué pasa cuando somos nosotras las que ignoramos lo que hay del otro lado del mostrador ?
Pues lo que pasa es que si lo ignoramos, el sumiso (que no deja de ser un hombre), estará con nosotras hasta que consiga un ama, (que no deja de ser una mujer), que le guste más. Este mundillo no se diferencia tanto del mundo grande de allá afuera a la hora de establecer relaciones entre hombres y mujeres.
La mujer dominante debe gustarle al sumiso, entonces. A partir de allí, debe saber llevarlo al estado de sumisión para que ambos gocen. Una de las formas más efectivas (estadísticamente hablando) tiene que ver justamente con la estimulación por obra y gracia de los fetiches visuales y sensoriales a los que siempre me refiero.
¿Podríamos discutir quien fue primero. Las dominatrices adoptan aspectos y formas propias de ese modelo porque les gusta ser así o fue el imaginario sumiso el que las formó así?
El modelo clásico de dominatriz fetiche, ese mismo, bastante uniformador y estereotipado...porque funciona tanto? ¿Por qué sigue reclutando adeptas? Somos las mujeres dominantes seducidas por ese modelo y lo aplicamos y entonces los sumisos lo veneran porque lo relacionan con la mujer de sus fantasías?
¿Algo así como “el hábito hace al monje” pero versión sado ? ¿O fueron los sumisos los que lo crearon así según sus fantasías?
Imagino una "Logia de Sumisos Boteros" reunidos en un sótano, diseñando la Dómina perfecta cual Barbie BDSM y una estrategia de marketing para imponerla y nosotras, una banda de ingenuas, lo copiamos y gastamos un dineral en ropa de látex, cuero y botas porque desde chicas relacionamos el "estereotipo" con el estilo de mujer que nos gustaría ser. Si nos gusta ser dominantes, suponemos entonces que será así como deberemos vernos.
Opino que no debemos ser extremistas. Las mujeres siempre supimos como seducir utilizando nuestros recursos femeninos. Pensemos que una relación Ama - sumiso (y Amo - sumisa, porqué no..) no deja de ser una especialísima relación sexual entre un hombre y una mujer. Qué importante es que las mujeres no escatimemos nuestras mejores gracias para que esa relación desarrolle su magia. Buscar seducir y excitar al sumiso no sólo nos da mejores resultados a la hora de concretar nuestros perversos fines sino que nos rodea de un aura especial.
Pienso que la camiseta de un club no es solo una camiseta con determinados colores....es algo del club mismo. El símbolo y la realidad se van volviendo indistinguibles entre si, con el paso del tiempo. La forma y la esencia coinciden. Si con este modelo de dominatriz la pasamos tan bien en nuestras fiestas y nos divertimos tanto, es porque que la forma ya es esencia. El símbolo, con los años, se ha vuelto realidad. Ya son indistinguibles.
Si nos oponemos por principio a este mito estereotipado por considerarlo banal, frívolo, innecesario o simplemente porque no nos gusta o nos incomoda, no lo hagamos subestimando a muchos inteligentes sumisos para quienes dicho estereotipo es un pilar fundamental de su goce. Para muchos de ellos, y también para quien suscribe.