No, ni lo piensen... no es la idea hacer una mala imitación de la novela de Cortázar, sólo me apoyé en el título. Y esto se me ocurrió (junto con el resto) recordando lo que conversábamos con dogwilly {LRo} mientras veníamos por la ruta desde la costa, de regreso a nuestro hogar tras las vacaciones.
Pensábamos en voz alta que, a nuestra manera, somos viajeros. Nos definimos como “sadonautas". Aventureros, exploradores de nuevos mundos. No somos viajeros en el tiempo; tampoco en el espacio. Donde vamos es hacia nuestro interior, para encontrarnos con nuestras fantasías.
Cada una de nuestras reuniones, cada evento, es una posibilidad de aproximarnos a nosotros mismos. De autoexplorarnos y conocer, además, nuevas personas, técnicas, habilidades. Ese peregrinar por las distintas salas, viendo a las amigas y amigos de siempre y a los que no conocemos aún pero los sabemos ya compañeros de ruta..ese viaje maravilloso por la Mazmopista de nuestras fantasías más preciadas puede tener un costo: hay inesperados peajes. El precio que podemos llegar a tener que pagar... es el temor al fracaso.
Cuanto más rápido viajamos, cuanto más interesante es el paisaje que nuestra retina traduce en sensaciones, más caro nos puede resultar el precio si fallamos.
Si hay algo que me moviliza (y lo he escrito en anteriores columnas) es atravesar el puente que nos conduce a la Isla del Deseo. Pero ¿que ocurre si al cruzar encontramos desencantos y desilusiones? ¿Que nos pasa si lo que esperábamos, anhelantes, deseosos, envuelto en nuestras más húmedas fantasías, nos deja con un gusto amargo, insatisfechos, recorriendo kilómetros con la vista fija en un páramo que parece estéril, monótono, repetitivo....?
Cuantas veces hemos hablado acerca de la magia del BDSM, de las sensaciones del subspace, de la entrega, del placer sádico, de la interacción dom - sub...pero qué nos ocurre si no hallamos nada de eso durante kilómetros?
Podemos asociar el fracaso a errores, disgustos, malas elecciones de compañeros de juego, prácticas o técnicas incorrectas, falta de goce...y todas las malas experiencias que podríamos agregar. Pero yo he visto más de una vez ese fracaso asociado a la palabra cobardía. Cobardía que esconde, no timidez sino principios supuestamente éticos. Prejuicios, convenciones a favor de la mera cópula, del coito moralizador, aún en ambientes supuestamente liberados de estos tabúes. En mi caso particular mas de una vez me he topado con misoginia, frigidez femenina, machismo encubierto, incomprensión hacia fetiches...
Realidad y deseo son hermanas que suelen llevarse mal. Pero arriesgados sadonautas como somos, nos animamos a pesar de todo a recorrer la Mazmopista e intentar amigarlas. El esfuerzo bien vale la pena. Ponemos primera y salimos porque el llamado nos resulta irresistible. Somos sadonautas sin mapas. Los que pasaron delante nuestro sólo nos dejaron huellas borrosas. Cuesta leerlas como cuesta creer en los historiadores de la Antiguedad cuando mezclaban realidad con mitología. Entonces, recorremos la Mazmopista con la única guía de nuestros sentidos. Dominante al volante, copiloto el sumiso. Las miradas, los códigos, las señales indican que la ruta está despejada y que ambos disfrutamos del paisaje. Nos sentimos seguros.
Podemos entonces acelerar sin temor y gozar del vértigo de la próxima curva, ahi nomás, delante nuestro, en donde deseo y realidad ya no batallan en un espejismo sobre el asfalto sino que danzan armoniosa y eróticamente.
Bienvenidos a la Mazmopista. Les habla Lady Roxy. Abróchense los cinturones y disfruten del paseo.