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A casi toda conducta le ponemos rótulo

Marca registrada, atravesada por el contexto

Definitivamente, muchas veces, en la interacción con muchos de nuestros semejantes, casi en forma instantánea, en los primeros contactos observamos y decimos internamente, esa persona es alta, baja, gorda, flaca, y la lista podría seguir.

Llevado a otro plano, en nuestra comunidad también sucede algo semejante. Somos sumisos, dominantes, switch, a los que “no son como nosotros” los llamamos vainilla. Pero nadie se queda sin su rótulo.

Lo hacemos desde niños, y lo tenemos tan incorporado que ni lo percibimos, como cuando vulgarmente decimos: Uh, ahí viene el “puto”. Pero obsérvese que nunca decimos: “Uh, ahí viene el heterosexual”.

Los medios, también se suman a esa forma de discurso, y por ese motivo es que vemos con la placa roja de fondo: “Ultimo momento. Un travesti fue detenido...”, y no dice “Un individuo fue detenido…” . Hay una necesidad de dar a conocer su condición de travesti. Siempre tendemos a señalar lo distinto, lo que no es “normal”. Tome nota de esa palabra.

Curiosamente, ese mismo sistema de rotulación, es el mismo en el que nos reconocemos y que muchas veces hace que nos censuremos, y lleguemos a decir cosas que no somos y/o omitir otras.

Pero, ¿por qué razones lo hacemos? ¿Qué nos lleva a hacerlo? ¿Cuál es la ropa de travesti y cuál no?

Un genial autor francés, explicó que la sociedad son normas. Sí, normas. Aquellas mismas que dicen que matar a veces es bueno y a veces es malo. Por ejemplo, matar en la guerra es algo que históricamente fue bien visto y por otro motivo visto como algo malo.

Y lo más relevante, en este caso, es que eso lo incorporamos subrepticiamente y sólo lo percibimos cuando algunas veces cuando ya somos adultos o cuando conocemos otros países (sociedades). Una muestra de ello es que por ejemplo en algunas regiones del mundo árabe, el ceño de una mujer unido por sus cejas es una señal que habla de un alto sex-appeal, algo opuesto a lo que se interpreta por estas latitudes.

Hablemos de fetiches si no. El taco aguja, el maquillaje, el pelo, las uñas, para las mujeres, la barba, el pelo, las manos, el pecho con o sin pelo, y tantas otras cosas más, son valores que hemos incorporado

Evidentemente, somos el resultado de lo que el contexto y lo que eso escribió en nosotros, pero, si intentamos complejizar, podríamos preguntarnos, el por qué obedecemos a esos parámetros que muchas veces nos impiden decir quienes somos realmente y ser felices con la verdad en lugar de tener que disfrazar nuestras palabras.

Es claro que la exclusión es algo a lo que nadie quiere exponerse, pero es la parte de un riesgo al que muchas veces debemos enfrentarnos si pretendemos avanzar y dejar de reproducir el sistema, de la misma forma en que Galileo dijo que la Tierra no era plana, sino redonda.

Nuestra forma de vivir la sexualidad seguro que no es igual a la del vecino y viceversa, pero no por ello los que disfrutamos, de lo que paradójicamente rotulamos como BDSM, debemos ser los mismos constructores de ese “ghetto” en el que otros nos depositan como, algo degenerados, distintos y heterogéneos. Deberíamos ampliar nuestra mirada y ver que simplemente es una cuestión de marca registrada del contexto en el que vivimos.

Escrita por juglar el domingo 22 de noviembre de 2009 Compartir

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