Bienvenidos a una nueva edición de El Nido del Cuervo, donde sus fantasías no sexuales se hacen realidad, a cambio de un sacrificio humano o de cincuenta guita’, lo que tenga mas cerca…
Después de una larga temporada fuera del circuito “columneril” de Mazmorra, por razones ajenas al personal del lugar, vuelvo a ustedes con mas energía (?) que nunca (!), aunque algunos digan que energía, buena onda y amor por la naturaleza no pueden estar en la misma frase donde se hace mención a mi “nombre”.
¿Y que tema vamos a tocar en esta ocasión, queridos lectores que llenan sus horas de aburrimiento leyendo esta columna? ¿Las artes marciales y el cuidado del cuerpo? Nahhh… Pero si vienen leyendo mis columnas con regularidad, saben que pueden esperar que encuentre una forma poco ortodoxa de combinar dos temas completamente incongruentes en una gran falacia universal o algo por el estilo.
No, esta vez es un tema de hondo contenido social, tan hondo como debe ser el porno. Por eso, el tema de hoy es el PORNO. Vamos, griten conmigo: ¡¡¡PORNOOO!!!
El porno, como todo el mundo sabe, nos fue legado por los cavernícolas. Estos hombres de la prehistoria, eran unos sujetos que golpeaban a sus mujeres con el As de Bastos y se las llevaban a la cueva. Resulta que mientras algunos “dibujaban” animales para favorecer la caza, había otros que “dibujaban” mujeres desnudas por los mismos motivos. Y después estaban los que “dibujaban” manos (?). Esos seguro eran los consumidores de los “dibujos” que hacían los otros sobre mujeres desnudas. Es decir, el gusto por la pornografía está instalado en nuestros genes y es necesario para nuestra supervivencia. Y podemos llegar a la siguiente conclusión: que los cavernícolas no solo eran pornógrafos, sino también onanistas (ese es un término “finoli” para no decir “pajeros”). Y que el porno y la masturbación van de la mano. Ahora que releí esta ultima frase me doy cuenta que hasta puede llegar a ser una frase divertida.
Vayamos con algunos hechos pornográficos (esta es la parte donde yo enumero cosas como si fueran verdades absolutas que no aceptan una refutación lógica o ilógica. Algunos lo llaman ser taxativo):
- El hombre que dice nunca haber visto pornografía, es un mentiroso. Y el que dice que nunca se “toco” viendo pornografía, no solo es un mentiroso, sino un mal tipo que seguro le pega a los niños y es propenso a sufrir accidentes.
- Un muchacho está listo para ponerse los pantalones largos, cuando junta el coraje para ir a comprar una revista porno a un puesto de diarios. Y la compra igual por más que atienda una señora mayor, comúnmente llamada “vieja”.
En tiempos pasados adquirir una revista porno era como una especie de rito de transición. Y no solo era comprarla, sino compartirla con los amigos. Porque antes, la revista pornográfica, y por ende el porno, se compartía. La revista era una especie de lazo entre las hermandades masculinas de los menores de 18 años. Se formaban cofradías en torno a ellas y eran cuidadas con esmero y pasadas a los otros cuando ya se había saciado la curiosidad.
Y si alguno tenía la suerte de tener un hermano mayor que “estuviese en la pomada”, seguro que revisando el cajón donde guardaba las medias o buscando debajo de la cama daría con la veta madre, el filón inagotable de revistas porno.
Porque antes, mis queridos lectores de la generación MTV, el porno venia impreso en papel. Se llamaban revistas pornográficas. Las mujeres desnudas no estaban a un clic de distancia. Para conseguirlas había que “laburar”. Ahora todo eso cambio por la tecnología. ¿Quieren ver a una mujer haciéndolo con dos tipos, Mister T y un caballito de madera? Solo tienen que poner en Golee eso y serán inundados por millones de paginas con videos e imágenes como esa. Y era todo un arte poder “leer” la revista con una sola mano. Pero estoy desvariando, como siempre...
Si quieren saber más sobre la pornografía, visiten su biblioteca local o rebusquen bajo la cama. Porque a las mías no se las voy a prestar…