Cruzar la puerta del evento fue ganarle a un corazón que latía fuerte. Y acepté que estaba ahí compartiendo un secreto con todos.
No hay cámaras, es cierto. Sólo hay personas inquietas, que como yo, buscan conocerse. Nada parecía ajeno al mundo, en una mesa compartí una copa con tres nuevos amigos que estaban por primera vez allí al igual que yo. Fui acomodándome en un ámbito no tan extraño, donde los clichés se repetían como en cualquier club nocturno, “¿Querés tomar algo?”, “¿Tenés MSN?”.
La música era encantadora y podía servir para dejarse llevar sin pensar unos minutos. Todos estaban en la misma, conociéndose. Disfrutando de un lugar seguro y real para dejarse llevar. A lo largo de la noche los roles empezaban a aflorar, y desde el juego íntimo llevado al público, las parejas condimentaban sus fantasías. Los curiosos observaban, otros charlaban sin inmutarse y yo me sentía cómplice de todos.
Al final me quedó el gusto de haber conocido gente que comparte conmigo el interés por un estilo de vida alternativo. Buen evento.