¡¡Hay que respetar los límites!! Es algo que sabemos todos. Es eso lo que permite que las relaciones sean sanas, seguras y consensuadas, y lo que crea confianza y respeto hacia el Dominante. Los límites son una parte importantísima dentro del BDSM…y sin embargo, no son un tema que suela tocarse a fondo.
Empecemos diciendo qué es un límite, no es una definición muy difícil: es todo aquello que el sumiso o el Dominante no acepta hacer. Ahora bien, hay dos tipos de límites: aquellos que jamás desean superarse bajo ninguna circunstancia, que son los límites inamovibles; y aquellos que con el debido trabajo, confianza y contención, pueden lograr ser superados, a los que llamaremos límites temporales.
Como ya dije, tanto el sumiso como el Dominante tienen límites. Es un error pensar que un Amo, por serlo, está dispuesto a cualquier cosa. Pero es verdad que los motivos que llevan a establecer el límite son diferentes. En el sumiso suele ser una forma de cuidarse, de guardar una parte de sí mismo que no quiere exponer; y en el Dominante, en cambio, se dan más bien por motivos de gustos. Sin embargo, ésto no quiere decir que sean las únicas causas, simplemente que son las más comunes.
Ahora bien, uno de los objetivos de muchos Dominantes suele ser la superación de los límites temporales. Ésto no es algo fácil de lograr, y requiere muchísimo esfuerzo y paciencia; además de que es importante tener cuidado de no manipular al sumiso en el afán de conseguirlo. El límite sólo se superará cuando el sumiso priorice realmente el placer del Dominante sobre el suyo propio. Para ésto es necesario que tenga la seguridad de que su Amo lo cuidará y contendrá, entendiendo el esfuerzo que implica ese acto. Es un regalo enorme, ya que es un acto de entrega real y sincera, y es importante tratarlo como tal, notando el gran avance que eso significa para la relación.
Por otro lado, es necesario ir de a poco, antes y durante la superación. Por ejemplo, si un sumiso pone como límite la humillación pública, y el Dominante logra que acepte superarlo, lógicamente la primera medida no será desnudarlo en una plaza pública (es una exageración, pero queda claro el punto). Al superar sus límites, el sumiso se pone en una situación de enorme exposición y vulnerabilidad, y es uno de los momentos en que más riesgo corre de salir lastimado. Por eso el Dominante debe ser lo suficientemente responsable y cuidadoso como para no dejarse llevar por el ímpetu del momento y poder manejar esa superación despacio, y transmitiendo la contención necesaria.
Sin embargo, es necesario recordar que aunque sean temporarios, mientras el sumiso no decida fríamente superarlos, no deben romperse esos límites. Mucho menos si estamos hablando de límites inamovibles. Para eso, es necesario que el Dominante tenga control sobre sí mismo y sepa cuándo debe parar. Como lamentablemente hay casos en los que el Dominante –no sabe hacerlo-, y eso es algo que no se conoce hasta que se está viviendo, es importante tener una palabra de seguridad o safeword que frene la acción al momento. Muchas veces termina siendo innecesaria, pero es una medida de seguridad que no puede faltar nunca. Así como tampoco debe faltar el valor del sumiso, y el suficiente amor y respeto por si mismo como para usarla si fuera necesario.
Aclarado éste punto, paso a lo siguiente: el establecimiento de los límites. Esto se logra gracias al conocimiento de uno mismo, y realmente no puede estar completo hasta haberlo llevado a la práctica. Es un error decir "que no se tienen límites", como muchos hacen, ya que el BDSM es muuuy amplio, y nadie es capaz de aguantar absolutamente todo. Por eso, aunque en principio se crea que no existe un límite, no puede prometerse que a medida que uno se vaya conociendo cada vez más, no aparezca ninguno. Por lo tanto, el Dominante no debe enojarse si el sumiso plantea una práctica como límite después de haberla probado, ni el sumiso debe tener pánico de hacerlo. Al contrario, deben estar orgullosos de que su relación les esté permitiendo explorarse y conocerse; ya habrá tiempo después para ver si puede superarse el límite descubierto.
De cualquier manera, ésto no implica que cada vez que algo no le gusta el sumiso deba parar la sesión o ponerlo como límite, sino que es algo que debe manejarse con responsabilidad.
Por último, así como el consenso surge del establecimiento de límites explícitos, la seguridad surge del respeto por los límites implícitos. El Dominante debe entender que las establecidas por el sumiso no son las únicas limitaciones existentes. Hay una línea que separa el BDSM del abuso, y es aquella que al cruzarla nos hace lastimar a la otra persona. Es el límite sano que toda práctica debe respetar. Por ejemplo, un sumiso puede no tener problema con las relaciones bisexuales. Pero si ocurre que lo obligan a practicarlas con alguien con quien realmente no quiere hacerlo, por lo cual se resiste y se pone tenso, siendo una penetración forzada que puede provocarle, como todos sabemos, graves problemas de salud, evidentemente se está rompiendo el límite sano. Allí entra en juego el autocontrol del Dominante, así como su capacidad para controlar la situación. Y es en ese momento cuando se ve quien puede Dominar y quien debería atarse a las patas de la cama y no volver a practicar BDSM nunca más. Una de las cosas más difíciles y más importantes de la Dominación es saber parar. Y el momento de hacerlo es cuando la situación se está yendo de nuestras manos, o cuando se está exponiendo al sumiso a un riesgo demasiado grande.
Que una práctica no sea límite no implica que no debamos limitarnos al aplicarla.
Respetar los límites explícitos tanto como los implícitos, es la única forma de cuidar realmente a nuestro sumiso, así como la única manera de lograr que una relación sea sana, segura y consensuada.