Es vox populi que el número de maridos que desean que sus esposas tomen el control del sexo y se muestren dominantes de alguna manera, es muy superior al número de esposas que hacen explícitos esos mismos deseos.
Creo que esta fantasía masculina nace del deseo de ver a la esposa lejos del rol tradicional de pureza asociada a la maternidad. Es este un estereotipo femenino perimido y represor, pero fue vigente durante buena parte del siglo XX y sería ingenuo creer que no ejerce aún influencia. Aún en las revistas femeninas mas osadas, te cuentan lo bueno que es cada tanto “romper las reglas”, exhortación que sería redundante si no hubiera lectoras (muchas pero muchas lectoras) que aún creyesen en la existencia de tales reglas.
A partir de esta premisa, es que siempre corremos el riesgo en la Femdom doméstica de visualizar a la mujer como proveedora de sexo kinky de su marido. Bienvenido ese sexo kinky que hace más feliz a hombres y mujeres que se aman dentro del matrimonio. Me refiero concretamente a desarrollar fetiches, o a experimentar con bondage o algo de spanking, lo que comúnmente conocemos como “sexo con condimentos” y que muchas veces es injusta y despectivamente juzgado desde estos lares como “BDSM Cosmopolitan” o “sólo sexo con chas chas” por aquellos que se creen, desde una “filosofía” indefinida, custodios de una ortodoxia sado que excluye en vez de sumar.
Pero así, desde esa experimentación en pareja tan saludable para la sexualidad de ambos, nunca nos queda del todo claro si es ella o él quien realmente dirige la acción. El fantasma del topping from the bottom siempre sobrevuela.
La fantasía de la esposa adúltera suele ser tambien, por las mismas razones que identifiqué antes, una “presa” muy codiciada por muchos hombres. Swingers, gangbangs, bukkakes, mujeres blancas con muchachos negros... toda una mitología que nos habla de ardientes amas de casa que esperan ansiosas el fin de semana para dejar a los chicos con las abuelas y salir a reventar la noche de la mano de su marido, su ideal compañero de aventuras. El cuckolding nos permite explorar esta variante sexual, incorporándole un componente de humillación hacia el marido, devenido en mero observador de las hazañas de su esposa o ausente de la escena pero viviéndola intensamente, porque sabe desde otro lugar lo que ella está haciendo en ese momento.
El punto central por el cual Lady Roxy y yo nos inclinamos tanto por esta variante de Femdom doméstica por sobre otras, sin descartarlas, es nuestra visión sobre lo que un marido sumiso debe ser. Un hombre que quiere por encima de todas las cosas, proveer o facilitar el goce sexual de su esposa antes que el suyo propio. El hombre también goza, por supuesto, pero ese goce es una consecuencia del goce de ella.
En el cuckolding, por más que el hombre viva intensa y placenteramente el placer voyeurista de ver a la madre de sus hijos devenida en pornostar, su actitud por fuera del centro de la escena, al margen, total o parcialmente oculto, aparentemente olvidado, nos resulta un reaseguro de que el goce físico es puramente de ella. La propia dinámica de la acción le permite además a ella experimentar no sólo el placer del sexo libre con hombres que le agradan sino rejuvenecer los goces propios de la conquista y la seducción que quizás estaban "dormidos" desde los años de su noviazgo. Y ese goce también es exclusivamente femenino, es ella quien seduce y excita a un tercero para así poder gozarlo a su entero placer.
Como dominatriz, más allá de los inevitables nervios y dudas iniciales, la práctica del adulterio consentido le otorga a la mujer una inmensa sensacion de seguridad pues le permite, paso a paso, ampliar su panorama en el dominio sexual. Cada nuevo amante es una nueva experiencia y un nuevo aprendizaje pues no es lo mismo dominar al marido con quien ya lleva años de casada que a uno o varios desconocidos y las posibilidades de humillar sensualmente a su esposo se ven multiplicadas. Todo hombre atractivo que ve, se convierte en una potencial presa. No es lo mismo verlo por la calle o en una disco con la sensación de "se mira y no se toca" que sabiendo que, dadas las circunstancias correctas, todo está permitido.
Yo siento que es female power en estado puro. Lujuria de mujer sin límites.
Ese female power recargado se recrea después en toda la vida en pareja. La enriquece, la erotiza. La vuelve juguetona y divertida. Porque nunca hay que perder de vista que ella es la protagonista estrella de una comedia pícara y sexy que se escribe de a dos. Ella sabe que después de una noche plena de felinas aventuras, la verdadera fiesta está por empezar.