Quizás si el mundo fuese distinto me entendería. Pero pretender que el mundo cambie sólo por entenderme a mi, sería aún más absurdo que intentar que yo entienda al mundo.
Entonces me acostumbré a sentirme diferente, y sobre todo me acostumbré a sentirme sola y a desconfiar de la gente.
Noté que era híper sensible, y que cualquier cosita tenía el poder suficiente para hacer que llore, me deprima y me lastime.
Y así empecé a ser mala, para que cuando algo me decepcionara nuevamente pudiese refugiarme en que yo tampoco era buena.
Empecé a escribir, a dibujar, a escuchar música y a pensar más de la cuenta. Empecé a tomar pastillas para todo, y a hacer cosas que en vez de ayudarme me hundían más.
Quizás buscaba ser diferente al resto. Si iba a ser distinta, que al menos lo notaran también ellos.
A los diez años fue que terminé de darme cuenta de que era diferente, de que el mundo no me entendía a mi, yo no lo entendía a él y de que no me interesaba entenderlo. Simplemente dejé que las cosas se dieran, y así terminé.
Dejó de importarme el hecho de que me llamara tanto la atención el BDSM, de jugar a ser la pobre esclava de algún hombre adulto y perverso. Descubrí internet, descubrí relatos, fotos, descubrí a un señor que escribía exactamente lo que yo quería leer. Y empecé a escribir yo.
Supongo que el próximo paso será empezar a vivir parte de lo que escribo. Pero no sé, después les cuento.
Buenas noches. Soy Yasmin.