Mariana se despierta, su cuarto se encontraba a oscuras y con la luz apagada. Sintió que le dolía la cabeza un poco y comenzó a mirar alrededor.
Apenas podía entender lo que sucedía y en ese momento abrieron la puerta 3 personas y prendieron la luz.
Mariana ve entrar a 3 personas: Una mujer, un hombre, ambos de unos 30 o 40 años aproximadamente y un chico que parecía tener entre 16 y 20 años. Los 3 eran rubios al igual que ella.
Te explique mil veces que no durmieras vestida!- Protesto la mujer y tomándola de la mano la paro y comenzó a acomodarle la ropa.
Mariana la observo sin entender mucho lo que pasaba.
Ves?- Dijo el chico. Anda muy desobediente y no me hace caso en nada!.
Mariana se quedo callada, mientras sentía como esa mujer desconocida le re acomodaba la ropa.
El hombre se acerco y se sentó al lado de ella. Vamos Marianita, sabes que va a pasar. Dijo seriamente.
Mariana no entendía nada y no supo que hacer, pero el hombre rápidamente la tomo de una mano y la recostó sobre sus piernas. La mujer dijo: Si sabía que la ibas a nalguear ahora, no le arreglaba el vestido.
Mariana de repente se encontró boca abajo, sobre las piernas de alguien, le costaba mantener el equilibrio y trato de sostenerse.
Q-Que pasa?- Pregunto.
De repente sintió un fuerte ardor en sus nalgas.
Ay!!!- Protestos.
Sabes perfectamente que pasa.- Protesto el hombre. Andas muy desobediente desde hace un largo tiempo. Dijo mientras daba otra fuerte nalgada y le levantaba lo que (según la mujer que la estaba arreglando) parecía ser un vestido.
Mariana se quejo del chirlo, y metió sus manos para evitar que le levantaran el vestido.
Duele basta!! Que pasa!! Yo no hice nada!! Basta!!- protesto mientras intentaba liberarse.
El hombre procedió a tomar las manos de mariana y ponerlas sobre su espalda, dejo las piernas libres (solo por que le gustaba verla patalear) y procedió a dar los chirlos consecutivamente, uno detrás del otro.
Sin el vestido, los chirlos dolían muchísimo más, y ahora que se los daba uno detrás del otro, el dolor se acumulaba haciendo que dolieran el triple.
Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyy!!!!! Protesto Mariana pataleando. Intento escaparse mientras se quejaba, incluso se le escaparon un par de insultos. Pero debido a la posición era imposible.
Con el tiempo, Mariana se canso y no pudo luchar más. Los chirlos caían uno detrás del otro y su colita ya ardía mucho. Llorando dijo: Por favor ya basta…
Aun no terminamos señorita-Dijo el Señor. No solo fuiste y seguís siendo desobedientes, sino que estuviste diciendo palabrotas mientras te castigaba, creeme que no terminamos hasta que te quede la cola roja durante 3 días, ¿Pablo me alcanzas el cepillo?
Si papa. Digo el joven, y comenzó a buscar por la habitación.
Mientras esperaban que Pablo encontrara el cepillo, mariana pudo descansar un poco de los chirlos y observar su situación. Sentía como a los costados de su cabello, colgaban dos mechones de pelo, desde hace rato que los sentía rebotar por cada movimiento que hacia. Debía estar usando dos colitas. A su vez, de lo poco que pudo ver de su vestido, parecía ser muy infantil. La mujer que estaba sentada hace un poco, arreglándole la ropa, le saco las manos de la espalda y se las tuvo con cariño con una mano, mientras con la otra le hacia mimos en el pelo:
Yo te voy a ayudar a portarte bien, no te preocupes- Dijo la mujer con cariño.
Mariana se sintió como una niña pequeña, aun sin entender que pasaba.
Acá encontré el cepillo Papa. Dijo el muchacho, con una sonrisa picara.
Perfecto Pablo, preparada Marianita? Dijo el hombre mientras daba un par de palmadas débiles en la cola de mariana.
En ese momento mariana descubrió para que era el cepillo.
No por favor no!!!- Grito Mariana, pero el azote con el cepillo callo sin mas vueltas.
Mariana sintió un dolor terrible en una nalga, creyó poder soportarlo, hasta que el azote volvió a caer, una y otra vez sobre su nalga derecha. Al quinto azote sobre su nalga, Mariana intento resistirse.
AYYYYYY DUELE MUCHO. Grito, intentando defenderse con todas sus fuerzas, pero el esfuerzo fue en vano. El hombre, sin embargo, entendió y decidió repartir los azotes entre las nalgas. Al poco tiempo Mariana ya no podía pensar, solo llorar sobre las piernas de ese desconocido, mientras sentía su colita arder mas y mas.
Una larga cantidad de azotes cayo sobre la indefensa colita de Mariana, mientras ella sencillamente lloraba con todas sus fuerzas. Y luego de un largo rato el castigo termino.
Mariana seguía llorando sobre las piernas de ese hombre, pero de pronto sintió un dolor en su oreja.
Mariana solo continuo con su llanto sin responder…
Aun no termino su castigo señorita, al rincón, vamos! Dijo el hombre llevándola de la oreja al rincón.
Al llegar ahí, el señor obligo a Mariana a pararse mirando al rincón. Pablo en ese momento llego con un jabón muy húmedo.
Acá esta: Dijo el muchacho.
Gracias Pablo, comento el señor y le metió el jabón en la boca a Mariana.
Lo vas a tener en la boca por decir malas palabras y no lo podes sacar, salvo que quieras otra nalgueada como la de recién, ahora pensa en no ser mas desobediente.
El sabor al jabón era asqueroso, y su cola ardía muchísimo, pero por razones lógicas, no se movió del rincón y continuo con su llanto un largo tiempo.
Le tomo unos 10 minutos a Marianita recomponerse, hasta que finalmente pudo recuperarse.
Aprovecho ese momento a solas para observar su situación.
Estaba usando un vestido blanco, con un delantal rosa, el vestido y el delantal eran muy infantiles y tenían dibujos de conejitos jugando. A su vez, estaba usando dos colitas con dos moños rosas.
El jabón en su boca le dificultaba respirar, mas que nada, por que intentaba no tragar saliva debido a lo asqueroso que era el sabor.
Sin embargo no se animaba a sacárselo.
Mariana seguía llorando un poco, debido al miedo y la confusión. Recordó el ardor en su colita e intento aliviarlo frotándosela. Mientras lo hacia, escuchaba las voces de quienes estaban con ella.
Sintió curiosidad y giro la cabeza (sintiendo sus colitas rebotar como siempre que movía su cabeza) para ver que pasaba. Lo poco que pudo ver fue que se encontraba en una habitación rosa.
El señor que la había castigadazo anteriormente, se acerco a ella. Mariana lo vio, con ojos suplicantes.
Sabe perfectamente que no podes moverte del rincón señorita!- dijo el hombre mientras le daba fuertes chirlos en las nalgas y en las piernas. Mariana zapateo en el lugar protestando con el jabón en su boca y sin querer trago saliva ahogándose, debido al sabor asqueroso.
Escupió el jabón y comenzó a toser sin parar. LA señora rápidamente la abrazo intentando contenerla. Mariana acepto el abrazo y hundió su rostro en el pecho de la señora, mientras intentaba recomponerse.
No seas tan injusto con ella!- Protesto la señora. Solo tiene 6 años!.
Vos la consentís demasiado!- Dijo el señor. Se estuvo portando muy mal, escuchaste las palabrotas que dijo?
Vos anda a la cocina, yo me encargo de ella.- Dijo la señora.
A ver como te encargas…- respondió el hombre enojado.
La señora dejo de abrazarla a mariana y tomo sus hombros.
Marianita, te portaste muy mal y dijiste muchas malas palabras bebe, ya tense 6 años y deberías portarte bien. Lo siento, pero vas a tener que seguir con tu penitencia, si tesoro?- Dijo la señora de forma cariñosa, mientras le hacia mimos en los hombros.
Mariana no sabia que responder, se sentía muy avergonzada de la situación, y no sabia que iba a pasar. Soltó un tímido “si” y miro sus pies, intentando esquivar la mirada de la señora.
Es “si Mami” corrigió la señora. Ahora abrí bien la boquita así pongo el jabón, y sin protestar, sabias bien que pasa cuando decís malas palabras y las dijiste.
Mariana abrió la boca y cerro los ojos, preparándose para el sabor asqueroso del jabón.
Ahora al rincón- Señalo la mujer.
Mariana asustada y confundida, fue al rincón como una niña pequeña. En el camino sentía sus mejillas ponerse rojas de la vergüenza.
No, no ,no! Conoces las reglas del rincón, o queres que te las recuerde?- Dijo la señora.
Mariana no respondió.
Nada de piernitas ni brazos flexionados, o espalda encorvada. Tenes que estar bien derechita, con las manitos adelante y tu nariz bien entre las dos paredes del rincón- Comento la señora.
Mariana estaba muy cansada para hacer caso y siguió como estaba.
La señora tomo una regla del escritorio y le dio un pequeño azote en la cola, haciendo que mariana de un saltito en el lugar.
Si no sos obediente, vamos a estar toda la noche así- aviso la señora.
Mariana termino haciendo caso y parándose derecha. De pronto sintió otro chirlo y dio otro saltito.
Recorda lo de tu naricita dulce. Dijo la señora.
Mariana intento acercarse lo mas posible a las 2 paredes, mientras se sonrojaba por lo infantil de la posición y lo sumisa que era obligada a ser.
La señora se agacho y con las manos, ayudo a mariana a juntar los pies.
Perfecta!- Dijo mientras le hacia mimos en la espalda.
Ada de moverse, nada de hablar, ni de girar, la nariz no la moves de entre las dos paredes. Y recorda que tenes prohibido frotarte la colita. Si haces algo de todo eso, tu colita se va a poner mas roja todavía- Advirtió la señora. Pero… si te portas bien como nena grande, te espera un fuerte abrazo y quizás hasta un postre rico, si bebe?
Marianita se sintió muy confundida, necesitaba contención, y a pesar de estar siendo castigada, la mujer esa la hacia sentirse bien.
No podes hablar por el jabón, pero podes asentir con la cabeza- Dijo la señora.
Marianita asintió, y miro hacia abajo cerrando los ojos. Lagrimas de tristeza mas que de dolor, empezaron a correr por sus sonrojadas mejillas creando el cuadro perfecto de una niñita en penitencia.
Ves Marquitos?- Dijo la señora burlonamente. No es consentirla, es saber como tratar a una niña. Mira lo obediente que es ahora.
La imagen de Mariana en el rincón, con su vestido y su colita rosa, irradiaba ternura y parecía realmente una niña arrepentida esperando a que termine su penitencia.
Marcos miro de reojo a la mujer y se fue refunfuñando al comedor.
La mujer sonrío triunfante.
Pablo, me voy a cocinar, quedate cuidándola, que siga en el rincón unos 10 minutos mas. Si desobedece las reglas dale un reglazo en la cola, no muy fuerte, por que ya tubo bastante- Dijo la mujer.
Yes mom~- Respondió el chico.
La mujer sonrío dulcemente y le acaricio el hombro a su hijo.
Si se porta muy mal castigala- dijo la señora.
Okas, escuchaste eso Mari? Ya no vas a querer ser mas desobediente no?- Interrumpió Pablo alardeando.
Pero… Prosiguió la mujer, luego de ser interrumpida, mientras su dulce sonrisa adquiría un tono maligno.
Pero si descubro que te abusas de tu hermanita te imaginaras que te espera… Concluyo la señora.
S-si M-mama- Respondió Pablo un poco asustado.
La mujer acaricio el pelo de su hijo y se fue.
Mientras tanto mariana seguía adolorida y avergonzada en el rincón.
6 años? Mami? – Se preguntaba a si misma, mientras intentaba ordenar sus ideas.
Pensó avergonzada que debía estarle mostrando el lindo espectáculo de su cola roja como un tomate a un desconocido y se sintió triste y avergonzada.
Se sentía como una niña pequeña en penitencia ¿Y como no sentirse con su cola adolorida por unos chas chas, teniendo que estar tan estrictamente parada en el rincón, mientras su “hermano mayor” la vigila para asegurarse que lo haga y encima, con un jabón en la boca por decir malas palabras?
Mientras miraba al piso, veía constantemente su vestido infantil que junto con sus oclitas que sentía rebotar como resortes por cada movimiento suyo, la hacían saber que además de sentirse como una nenita en penitencia, también se veía como una.
Y a pesar de “sentir” tanto, sabia a la perfección que era una mujer de 20 años que iba a la facultad y trabajaba de camarera, y que no recordaba nada desde que se despertó, ni sabia por que se encontraba en esa situación ni que había pasado.
Fin del prologo.