Sol. Claridad. Libertad… todo eso junto mientras disfruto de esta tarde mía…
Mi pensamiento va de un lado al otro. Es un tiempo de nuevas sensaciones
En la piel, en mi pelo, en mi, en todo. Rara primavera que empezó violentamente
Los cambios para ser cambios son violentos, con fuerza, rápidos
Vivir, disfrutar como hacia mucho no. Algo nuevo para mí con otras cosas más
Mi Idus intervino esta primavera para que fuera diferente y despertara del letargo
Una cerveza me hiela por dentro mientras ardo de pasión por el sol y el recuerdo…
Que estará haciendo ahora? Que piensa el que hará en la noche?
Que podría hacerle esta noche…
Me pregunto eso mientras veo sentada en mi balcón la tarde, el río increíblemente azul, mi serenidad, mi piel dorándose al sol lentamente
Recordar lo vivido me sube mi libido… los silencios, las pausas, la piel, mi piel, el dolor de su piel enrojecida y el placer en su voz y en mis ojos. Los fantásticos besos tan eróticos, tan lentos, tan envolventes, tan bien dados que por si solos llevan al orgasmo…
Sigo al sol, mientras pienso y calculo posibilidades…
Un perro se asoma, caminando por la vereda, varios pisos mas abajo que yo… (Un hombre perro) lo miro entre mis piernas… camina lentamente, como condenado, abatido por el peso de mil obligaciones y ataduras sociales, cargando su notebook como si llevara a cuestas su cruz corporativa
Estoy a varios pisos de distancia pero su imagen pequeña en perspectiva me llega a la rodilla de mi pierna izquierda. Lo miro y pienso “un pobre hombre perro”
Cuando esta por pasar de mi pierna izquierda a estar entre mis piernas, su figura pequeña, frágil, vencida, me mira, levanta la vista y me ve… tomando sol, placida, disfrutando.
Lo miro como uno mira un insecto, con verdadera curiosidad. Me mira como uno mira algo a lo lejos, con incertidumbre.
El hombre perro pasa entre mis piernas, camina mirándome, como si se supiera atrapado cerca de mi sexo.
Definitivamente no somos del mismo linaje. Definitivamente no quiero ser del mismo linaje
Baja la vista. Lo sigo con la mirada, con pena. Pasa a mi pierna derecha y se va alejando, apesadumbrado, lentamente, cabizbajo… Ya ni siquiera ladra
Y pienso, “hay que decidirse dejar de ser hombre perro para vivir el desafío de transformarse en un hombre gato, o al menos, en un hombre perro de caza…”
Vuelvo con mi pensamiento a mi presente… a él…
Ojala que pueda transformarlo. Ojala que no se conforme con ser perro
Que increíble! una gata ardiente deseando a un perro doliente!!!…
Nunca fue un perro para mí. No lo es. No podría serlo. Me alegra íntimamente que no lo sea y una sonrisa se me dibuja en la cara. Que bueno poder reconocer el gato que existe en un perro y ayudar a que aflore, a liberar al perro de caza
Con ese pensamiento mis manos lo vuelven a agarrar firmemente de las muñecas y lo atrapo sin piedad para dejarlo a mi merced, sin posibilidad de moverse. De esa desesperación de sentirlo atrapado crece el deseo en mi sexo, de castigarlo, de que esté adentro, de que no salga, de que goce mucho, mucho, mucho…a través de mi goce.
Mientras la tarde cae, mi deseo crece esperando la noche para cazar…