Llego a tu departamento. En la puerta entreabierta del palier privado hay pegado un cartelito con instrucciones. Dice: "Cambiate en el living por la ropa que está sobre el sillón. Servime una copa de vino y llevala a mi cuarto donde te voy a estar esperando. Después, sin decir palabra, ocupate de limpiar la habitación hasta que te ordene otra cosa".
Me desnudo y empiezo a vestirme con lo que me dejó preparado. Unos guantes de cuero negros y largos hasta los codos, medias de nylon oscuras, un moño blanco para el cuello, minidelantal, puños blancos que resaltan sobre el negro de los guantes, un repasador, una franela y unas par de botas cortitas pero de taco altísimo sobre las que me cuesta pararme. Una vez completado el atuendo sirvo el vino, pongo la copa sobre una bandeja y me encamino a tu cuarto trastabillando a cada paso. Te encuentro recostada, cubierta solo por las botas de vinilo y los guantes rojos, empuñando un látigo en la mano derecha con el que acaricias suavemente tus pechos. El solo hecho de verte me excita enormemente. Te alcanzo el vino y, como rezan las instrucciones, tomo la franela y me pongo a limpiar unos estantes. Por el rabillo del ojo noto que me mirás y te acaricias el clítoris. Después agarrás un consolador, lo lubricas y te lo metes suavemente en la vagina. En eso me ordenás que me agache a tu lado y me metes los dedos en el ano. Primero uno, después dos, palpas las paredes sin apuro, los sacas, los volvés a meter mientras, con la otra mano, seguís acariciándote. Finalmente me pones el plug azul y una vez introducido hasta el fondo me indicás que continúe con mis tareas al costado de la cama, de manera que puedas verme de cuerpo entero y cuidando de estar siempre de espaldas para mostrarte mi culo violado. De reojo miro tu cara de placer y trato de imaginar lo que pasa por tu cabeza en este momento. Creo saber lo que pensás, que te entregás a un tipo corpulento y musculoso que te coje salvajemente mientras me obligas a mirar como me pones los cuernos. O mas probablemente en que me tenés inmovilizado a la cama y amordazado para que ese mismo tipo me coja mí, abriéndome el culo sin consideración y derramando su leche dentro mío. Por eso te gusta vestirme así, que sea tu puta...y a mi me excita sentirme humillado por vos. Te complace saber que soy de tu propiedad, y especialmente ser la dueña de mi cola y hacer con ella lo que te plazca. Oigo tus gemidos de placer, me doy vuelta y veo que estás en otra dimensión, ya no me prestás atención, entonces aprovecho, dejo mis tareas, me arrodillo a tu lado y disfruto besando tus botas y viendo como alcanzás un orgasmo tras otro. Mi sexo está por explotar pero vos me enseñaste a controlarme. Me toco cuidando de no acabar sin tu permiso. Finalmente, cuando te relajás y volves a la realidad estás tan cansada que ya no te intereso. Simplemente me ordenás que lave y acomode los juguetes y me vaya a la cocina a prepararte algo de comer mientras dormís una siesta.