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Esclavo de las Amazona - último capítulo

Calificación del relato

(1)
Autor: elaberg
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Promedio de 4.0 puntos
Enviado el 28 de oct de 2009

Yo permanecí con los ojos muy abiertos. El sexo me dolía, nunca lo había sentido tan hinchado y duro. Estaba desesperado por aliviar tanta excitación, pero el consuelo me era denegado.

Sin embargo, unos minutos después (que a mi me parecieron años), la guardiana volvió a aparecer sigilosamente.

Desato mis tobillos y mis dedos, soltó mis muñecas de su fijación al respaldo de la cama, y me obligo a ponerme de pie. Unió las tobilleras con una corta cadena. Hizo girar el collar de cuero alrededor de mi cuello, de modo que la argolla de hierro quedó hacia atrás. Me hizo levantar los brazos, y luego llevar las manos detrás de la cabeza, fijando entonces mis muñecas al collar.

Durante un momento me examinó con su mirada. Acomodó un poco mis cabellos desordenados, y palpó con su mano la dureza de mi sexo. Luego hizo un ademán, indicándome que la siguiera. Salimos de la habitación a un largo pasillo; ella caminaba delante mío mostrándome el camino. Durante el trayecto, nos cruzamos con dos muchachas, que al verme así, desnudo y con el sexo erecto, echaron a reir. La guardiana las invitó a que nos acompañen. Finalmente llegamos a una  sala donde varias mujeres descansaban y conversaban tranquilamente, recostadas sobre coloridos almohadones. Algunas vestían como las cazadoras, otras llevaban sencillas túnicas de algodón. Al vernos llegar, todas dirigieron sus miradas hacia mi. La guardiana me hizo arrodillar en el centro de la habitación, y una vez mas me inmovilizó en esa posición, sujetando los tobillos a la argolla del cinto, utilizando la corta cadena . Luego deliberó por unos segundos con algunas de sus compañeras, señalando  mi sexo que seguía levantado. Una de ellas, que evidentemente tenia algún rango de autoridad sobre las demás, se me acercó, me tomó del mentón, obligándome a levantar la cabeza y a mirarla a los ojos, y me dijo, con tono burlón: -“Así que sos el nuevo esclavito de la reina...¡felicitaciones! Tenés suerte de que, mientras seas su esclavo, nosotras no podremos utilizarte...pero apenas ella se canse de vos, nos serás entregado...¡y entonces sabrás lo que es bueno!”

Las mujeres rieron entusiasmadas; se acercaron y formaron un circulo alrededor mío. Algunas me acariciaron la cabeza,  o tomaron mi sexo con sus manos, para comprobar su dureza.

Veía como la excitación iba creciendo en todas ellas, mientras subía el tono de sus voces, que se mezclaban con sus risas.

La mujer volvió a hablar:  -“Por ahora... nos contentaremos con ver como te masturbas delante nuestro”.

Soltó entonces una de mis manos, y me hizo una seña con su cabeza .

Se que me ruboricé aún mas; me sentía avergonzado e indefenso. Pero no tenia opción, y mi excitación no se había aplacado. Entonces llevé la mano hacia mi pene, tome la punta entre mis dedos y comencé a masturbarme, mientras las mujeres me alentaban con gestos y grititos. Unos instantes después, me derramaba delante de todas ellas, quienes festejaron el espectáculo con euforia.

Enseguida, la guardiana volvió a sujetar mi muñeca al collar, por detrás de mi nuca. Me dio un leve empujón en un hombro, que me hizo perder el equilibrio, y caí sobre mi costado.

Las mujeres volvieron a sus charlas, olvidándose de mi; yo, agotado, me sumergí en un profundo sueño.


FIN

 

v 2.5b