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MAURICIO. Mi Amo

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(16)
Autor: alina
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Enviado el 28 de nov de 2010

Lo conocía desde chica, siempre me llamó la atención sus gustos refinados, la elegancia al vestir, la atracción que provocaba, el dominio perfecto de las artes marciales y esa obsesión que tenía por el orden y la limpieza.
Visitaba su casa con frecuencia, compartíamos largas charlas frente a la chimenea sobre los más diversos temas, me quedaba fascinada escuchándolo hablar y adoraba como reforzaba con gestos las palabras, a veces era muy divertido y siempre me hacía reír.
Lo fui amando por segundos, requiriendo su compañía y protección como necesitaba el agua. Él era mucho mayor que yo y lo que complicaba aun más la relación era su amistad con mi padre.
Decidimos levantar las barreras y amarnos libremente y en secreto. Mis amigas estaban preocupadas y enojadas porque ya no salía con ellas. Con mis padres no había problemas, confiaban en él y no ponían reparo a mis frecuentes visitas.
Recuerdo caminar por la calle de su mano y percibir las miradas femeninas sobre él. Muchas veces me confundieron con su hija, nosotros nos mirábamos cómplices, sonreíamos y no decíamos nada.
Un día después de hacer el amor me dice. - Sol quiero mostrarte algo, lo estuve meditando  y creo que nos puede funcionar, miralo y al final me das tu opinión.
Trae un DVD, no entendía porque tanto misterio. Aparece en primer plano una chica vestida toda de negro con una corset de latex, unas medias de seda sujetas por un portaligas que era lo único que cubría sus caderas, tiene los ojos vendados y sus manos están atadas a su espalda, con la frente en el suelo y arrodillada, sus partes íntimas quedaban a merced de alguien que no aparecía en escena y cuya mano acariciaba las nalgas de la chica, suavemente le introduce un plig, la chica se mueve y se percibe su molestia, luego empieza a azotarla con un látigo que semeja una cola de caballo, esta vez la chica lanza unos gemidos que no amedrentan a maestro y sus nalgas comienzan a enrojecerse.
– Vos estas loco ¿no querrás hacer eso conmigo no? Creí que se trataba de una broma pero el tono de voz y la cara de Mauricio me hicieron cambiar de opinión. – terminá de mirar y después hablamos.
En esta parte la chica esta parada y esposada, sus brazos penden de unas cadenas que la mantienen inmovilizada, sus pezones están pinzados, ahora son dos, mientras uno la masturba el otro la castiga con una fusta, ella gime y se debate entre las dos fuentes de placer hasta que su cuerpo se arquea, tira hacia atrás su cabeza y luego se relaja completamente.
Lo quedo mirando a Mauricio no iba a negarlo lo que vi me había excitado pero estaba confundida y asustada.
– No te asustes, me gustaría que llevemos nuestra relación a otras dimensiones y exploremos otros límites, comienza a explicarme y las palabras dominante y sumisa retumban en mi cabeza, no podía dejar de pensar en la sensaciones que me habían dejado las imágenes de la chica y su Amo.
Charlamos mucho sobre el tema, mis dudas y temores se fueron disipando y como confiaba en él decidí entregarme y ser su sumi.
El miércoles pactamos que el martes por la noche sería nuestra primer sesión, no nos veríamos hasta entonces, era la primera vez que estaríamos tanto tiempo separados.
Lo extrañé todo el fin de semana, como me sentía muy sola decidí llamar a mis amigas que se alegraron pero también me reclamaron que por fin me acordé de ellas, entre todas decidimos pasarla bien, salir a comer y a bailar a algún boliche.
No pude disfrutar de la salida, por mi cabeza desfilaban imágenes que en otro momento me asustaban, pero ahora, bajo su influjo estaba cada vez mas excitada.
El lunes Mauricio me manda un mail donde me informa mi palabras de seguridad me da aliento, sus palabras traslucen cariño y ese simple hecho me da confianza en lo que me espera
El martes por la tarde me manda un mensaje al celular con la dirección donde nos encontraríamos y donde debería buscar la ropa que tenía usar esa noche. Fue muy explicito por ninguna razón debía usar mi auto.
Me sentía foco de miradas en el subte, sola, vestida provocativamente con una minifalda negra, sin bombacha, con unos zapatos altos de taco aguja y medias semitransparentes negras. El trayecto me pareció interminable. Cuando me bajo en la estación alguien me toma de atrás la muñeca, mi reacción instantánea fue un intento desesperado por zafarme, cuando lo miro la sonrisa de la cara me descoloca,  me dice que no me preocupe que Mauricio lo había mandado para cuidarme. Ya no me gustó cómo comenzó el corazón me latía desesperado y me estaba arrepintiendo el haber aceptado esto que ya no me parecía un juego.
Llegamos a una casa que nunca antes había visitado, me recibe alguien todo vestido de negro que no pude reconocer porque tenía el rostro cubierto por una capucha, me venda los ojos y me lleva hasta una habitación, allí me coloca unas correas en las manos, me pone contra una pared y sujeta mis brazos con cadenas.
– Esta perra tiene mucho que aprender, me tira del pelo, me duele pero no digo nada, me coloca una barra espaciadora en las piernas. – Para que aprendas ahora voy a depilarte completa, Mauricio se acerca y me pregunta si estoy bien, asiento con la cabeza, me sentía muy humillada pero no quería defraudarlo. El maestro me coloca una crema y comienza a rasurarme con una cuchilla, me abre las piernas y siento su manoseo.
– Sos una puta y yo sé como se tratan a las de tu clase, me susurra al oído. Ese lenguaje me era extraño, nunca me habían hablado así, en ese tono, esas palabras surtieron su efecto, mi cuerpo se acoplaba perfectamente a esa nueva condición descubierta por mi y expuesta ante ellos. Cuando me liberaron y recuperé el dominio de mis miembros, el maestro me puso un collar que tenía una cadena, empezó a tirar de ella.
–  Estarás de acuerdo conmigo que la sumisa necesita una lección, tira fuertemente de la cadena y me colocan en el potro, ahora mis grados de libertad se redujeron dejándome totalmente expuesta a sus deseos.
–  No podía ser, siento como me violan pero lejos de molestarme estoy cada vez mas excitada, sus dedos estimulan mi cuerpo mientras sus embestidas son cada vez más bruscas.
–  No podes acabar puta, tu amo va a decidir cuando podes hacerlo. Esa  imposición me desespera y hace que me excite aun más, gimo  y ruego que se me de permiso para perderme en los laberintos del placer.
Después de esta experiencia nuestro vínculo cambió. Por fin conocí una de las habitaciones que estaba siempre cerrada y con llave, era una especie de mazmorra que al verla se me erizó la piel. Allí pasamos largas horas de sesiones, hasta que mi entrega fue total y yo sentí que le pertenecía. 
Mi amo prometió cuidarme como su perla más preciada, y no lo hizo.


Pequeña reseña de la Crónica de un periódico: 
Mauricio A. S. D. murió en un accidente el día de ayer (3 de diciembre) cuando su avión particular se estrelló durante una tormenta.