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Mi ama vampira (experiencia de la infancia)

Calificación del relato

(6)
Autor: Benja06
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Promedio de 3.7 puntos
Enviado el 31 de dic de 2009

Bueno solo como introducción, la dominación femenina ha ocupado un espacio importante en mi cabeza toda mi vida, eso se lo debo en gran parte a las mujeres con las que crecí: mi madre, mis tías, mi hermana. Esta última, se transformó en una espacie de fetiche para mí. A pesar de ser 2 años menor que yo ella siempre ha sido más inteligente, nació con el don de un alto coeficiente intelectual, ahora estudia contabilidad. Y yo bueno, era yo, un niño sumamente inquieto, mucho más ingenuo y sin un gran coeficiente como el de ella, ella siempre aprendía y entendía las cosas mucho más rápido que yo. Siempre jugábamos a actuar nuestras fantasías infantiles que nos inventábamos: yo era caballero rescatador, ella la princesa. A veces yo hacía de malo y me gustaba hacer como que la torturaba y humillaba mientras estaba bajo mi control, la ponía en mis rodillas, le daba nalgadas y le
decía "toma, por tratar de huir, jajaja".

Una de mis experiencias más significativas la viví en aquellos días. Yo tenía 9 años y ella 7. Un día ella quiso que jugáramos con SU historia, y yo acepté. Ella me explica que la historia trata de una reina "vampira" (así lo decía ella, no vampiresa) quien secuestra a un joven para chuparle toda la sangre. Lo sé, debí escuchar la historia primero antes de aceptar, pero bueno. Ella va y se pone un traje de mujer vampiro que le habían comprado para una fiesta de la escuela, consistía en un vestido de una pieza rojo, una capa negra y pantis negras, un sintillo con cuernos rojos, y sus dientes por supuesto. Haciendo mi papel de pobre victima desprevenida, yo caminaba por la pieza. Sin saber nada, cuando de pronto la vampiresa sale del closet de tras mío, me empuja sobre la cama boca abajo, se sube en mi espalda y me muerde en el cuello (de broma). Luego esa se para, se saca los dientes de vampiro para hablar bien y me dice: "bien, ahora te convertí en un vampiro y como yo soy la reina de los vampiros, ahora tú me perteneces, erís mi esclavo". Yo no sabía cómo debatirle eso, nunca me dijo que sería su esclavo, me sentí tonto, pero ya estábamos jugando. Me toma de la oreja y me dice: "ahora anda a traerme un vaso de agua, sirviente". Fui a la cocina y se lo traje, ella tenía una sonrisa de oreja a oreja. Después me dijo: "estoy aburrida, anda a traerme al perro". Aun sintiéndome idiota fui al patio a tratar de conseguirle al perro mientras ella me veía por la ventana sintiéndose toda una reina. Pero el perro que teníamos era tan juguetón y escurridizo que no conseguí pillarlo nunca, luego de un rato, mi hermana me dice: "ya, ya, Benji ven, éntrate". Volví al dormitorio, ella se paró frente a mí con sus manos en su cintura, y creyendo firmemente en su personaje me dijo: "erís un sirviente inútil, no fuiste capaz de traerme al perro, y no me gusta que mis órdenes no se cumplan. Así que prepárate porque ahora voy a castigarte". Abre un cajón de guardarropa y saca un cole rosado que usa para amarrarse el
pelo, me ordena que me de vuelta y con el cole amarra mis manos por detrás. Luego se sienta en la cama, coloca su pierna izquierda entre las mías, me toma y me tiende panza abajo con su brazo izquierdo rodeando mi cintura. Toma mi short

y mi calzoncillo y me los empieza a bajar, yo le digo: "oye, no, para" y ella me responde: "¡cállate!, quiero que suene". Mis manos están atadas y ella me tiene muy bien sujeto, no hay nada que pueda hacer. Mis pompis quedan desnudas, ella me dice: "ahora me toca a mí" y empieza a azotarme sin ninguna piedad, eran nalgadas muy fuertes, ella se tomaba un segundo por cada golpe y con cada uno me decía: "¡toma!, ¡toma!, ¡toma!, ¡toma!". Nuestra nana, que sintió el ruido obviamente, vino a ver qué pasa y se encontró con la escena y no puede aguantarse la risa, se tapa la boca y se queda apoyada en el marco de la puerta para seguir mirando. Mi hermana la ve y le dice: "estoy castigando a mi esclavo por no obedecerme", la nana dice: "jaja, parece que el esclavo está en un serio problema, jajaja". Mi "ama vampira" aumenta la frecuencia de nalgadas, yo trataba de cubrir mis nalgas con mis pies, pero mis piernas estaban aprisionadas por su pierna derecha, estaba TOTALMENTE INDEFENSO, no me quedaba más remedio que aguantar el castigo y esperar a que ella decidiera parar. Fue en este momento que empecé a sentir algo raro, algo totalmente nuevo: estaba siendo azotado a popín pelado por mi hermana que era 2 años menor que yo, y en ese tiempo 2 años eran todo un mundo de diferencia, y para más remate en frente de mi nana. Estaba viviendo la peor humillación a la que podría someterse un niño de 9 años a un paso de la pre-adolescencia; sin embargo, esto no me molestaba en lo más mínimo. Me gustó que nuestra nana estuviera ahí y lo haya visto todo. Mi hermana me miraba y sonreía, hasta soltaba pequeñas carcajadas de repente; pero eso no me irritaba tanto como ella imaginaba. De pronto ya no luché más, me entregué por completo a su voluntad, el dolor ya no era tan desagradable. Hasta que por fin decide parar, me da mi última regañada:

_¿Aprendiste tu lección, esclavo? (paaf!!!, nalgada).
_Si, si.
_nunca más ¿cierto? (paaf!!!, nalgada).
_No, no, nunca más, auu.
_¡Toma! (paaf!!!, nalgada).
_¡Ayyy!
_Que no se vuelva a repetir, esclavo. Ya, párate.

Me desamarra las manos. La nana se acerca para ayudarme a parar, inmediatamente empiezo a sobar mis pobres nalguitas mientras la nana me empieza a subir el calzoncillo pero mi hermana dice: "¡no!, déjaselos abajo que le estoy mirando el poto. Benji, saca las manos… jajaja, mira que rojo te dejé el potito, eso te pasa por desobediente, jajaja". "Jaja, que mala", dice la nana. Mi hermana me lleva al baño, me pone frente al espejo y me da vuelta para que pueda ver mis maltratadas nalguitas, me mira sonriendo, yo no podía decir una palabra, estaba como en una especie de shock. Se acabó el juego, ella se saca el cintillo de cachos (es increíble eso de los niños ¿ah?, ella se saca los cachos y con eso se saca a su personaje también, cosas de niños). Ella acaricia mis nalgas suavemente.


_¿Estay bien? ¿Te duele mucho? -me dice ella.
_No, no tanto – le miento yo.
_Jajaja, perdona, pero me debiay esta, por todas las que me diste tú antes.
_Si pero tú me pegaste a poto pelado.
_Mmm sip, pero tú me pegaste muchas. Con esto quedamos empate.


 

 

Llega la nana con una crema, me dice que me incline y apoye las manos en la tasa de baño, lo hago y ella me empieza a aplicar la crema en mis rojas nalgas y mi hermana le ayuda. Fue cuando tenía 9 años, pero recuerdo la experiencia como si fuera ayer, cada detalle. Ya había recibido nalgadas antes de parte de mi madre y mi tía, pero no recuerdo esas experiencias tan bien como esta, y creo que es por el hecho de que en este caso yo terminé sintiéndome cómodo, me sentía muy bien, un sentimiento totalmente nuevo para mí, un sentimiento que me encantaba. En ese tiempo yo no veía las cosas como ahora, en aquel entonces no hubiera calificado esa experiencia tan bien como hoy. Fue algo espectacular, nunca lo olvidaré.

 

v 2.5b