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Mi sensación (II)

Calificación del relato

(5)
Autor: Oraculo
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Promedio de 4.4 puntos
Enviado el 01 de dic de 2009

En este punto ya él podría haber hecho lo que quisiera, y algo dentro tuyo te dice que así va a ser, pero no te importa, cuando toda la lógica y las alarmas en tu cerebro te grita que no es “normal” que te sientas excitada, tu cuerpo, todo él, se empeña en demostrarte lo contrario; estás sintiendo cada terminación nerviosa de tu cuerpo, desde la punta de los dedos de las manos que cosquillean cada vez más debido a las sogas, pasando por tus hombros adoloridos por la posición hacia arriba, la boca reseca de respirar por ella, el pecho y estómago ardido por los arañazos y las mordidas, los pezones cada vez más duros por la presión de esos objetos que los aprietan y que hacen que no puedas dejar de sentirlos y las piernas que, de tan abiertas obligatoriamente, concentran su presión sobre los muslos y la línea del tendón que lleva a tu entrepierna cada vez más húmeda al sentirse tan abierta… libre.
Pero lo que más se empeña en contradecir al sentido común y te impide terminar con todo esto es la espera, esa inquietud de la ignorancia de lo que, sabés, va a venir después. ¿Qué más puede hacerte? ¿Cuánto más vas a esperar por ello? Y lo más importante ¿cuánto más podés llegar a excitarte? ¿Cuánto falta para que finalmente haga que estalles en un orgasmo increíble?
Como si supiera exactamente que esa anticipación es lo que entrecorta tu respiración, sentís la cabeza de él que comienza a recorrer tu pecho, su pelo acaricia tus pechos adoloridos haciendo que sientas esa dicotomía de dolor y suavidad, como si sobre un golpe recibido accidentalmente, te pasaras un trozo de piel suave, como refregarse sobre un tapado de piel; sobre los arañazos del estómago agrega mordidas que luego son calmadas con el pelo a medida que baja cada vez más.
Al llegar al comienzo de tu entrepierna se detiene abruptamente. Ahora estás segura que sabe exactamente lo que sentís, porque queda allí un rato, sólo respirando sobre tus labios abiertos. Si las pequeñas ráfagas de aire fresco hacían que la humedad te tu vagina se enfriara en oleadas que te hacen arquear (dentro de lo posible en tu situación) y levantar la cintura, su respiración suave y acompasada sobre el clítoris te llevan casi a pedir a gritos  que haga algo, lo que sea, que te siga golpeando los pechos, que te marque con las uñas todo el cuerpo, pero no esa espera, querés decir algo, pedirle, gritarle, suplicarle que no se detenga ahí, que siga, pero de tus labios sólo salen gemidos.
Cuando después de unos segundos casi ya exhausta de intentar mover la pelvis para acercarla a su cara y sentís que su cabeza se está acercando un poco más a tu sexo quedás inmóvil, en una última expectativa. Como si temieras que si te movés, aunque sea sólo un milímetro, él fuese a desistir y se tuviera que volver a empezar.
Sus codos ahora están sobre tus rodillas abriéndote aún más las piernas que ya creías que no podían extender mas la elongación y sus manos ahora te agarran firmemente ambos pechos y los mueven lentamente para que sientas el peso de los presores de los pezones. Sentís ahora cómo su lengua separa tus labios y su respiración, ahora en bocanadas más grandes por la boca abierta se interna enteramente en tu sexo. Seguís inmóvil, tensa, lo único que se mueve en tu cuerpo es tu boca que se abre cada vez más como si quisiera tragar cada segundo, ya que solo inhalás, te cuesta soltar algo se todo esto, aunque sólo fuese aire.
Ahora sentís sus dientes que atrapan el labio derecho de tu sexo y lo muerden un poco, no mucho, sólo lo suficiente para que el dolor haga que el resto del tiempo fueras también consciente de ellos, luego hace lo mismo con el labio izquierdo; ahora su boca está muy abierta, como si fuese a morder todo tu sexo, pero descubrís que es una preparación para lo que viene… su lengua ahora aparta los labios y recorre tu sexo desde abajo hasta que la punta llega a tu clítoris, cuando sentís su roce un grito ahogado hace que sueltes todo el aire contenido hasta recién.
Comienza a mover su lengua mas rápidamente y sentís que te ahogás cuando se empieza a vislumbrar desde la base de tu estómago ese orgasmo que sabés va a ser explosivo. Sus manos siguen moviendo tus pechos que, al balancearse, mueven los pezones con sus captores hacia los lados produciendo un dolor intenso que retrasa un poco la llegada de la explosión pero que al mismo tiempo le dan una combinación anticipada de placer. La lengua continúa su trabajo cada vez más rápido y ahora sí estás rígida, las sogas te mantienen en la posición en la que te es imposible escapar de esto, cada tanto él suelta alguno de tus pechos y lo golpea firmemente como para que los recuerdes y compartan lo inminente. Hasta que llega
Un orgasmo nacido desde el interior de tus entrañas como nunca lo habías sentido tensa cada uno de tus músculos dura ¿cuánto? ¿Treinta segundos… un minuto… una hora? Lo cierto es que el tiempo se te detiene mientras los estallidos de placer se desparraman por todo tu cuerpo. Sentís la sangre agolpada en los pliegues entre las vueltas de la soga, en la espina dorsal, en los pechos erguidos que su mano sostiene y los pezones adoloridos. Tus abdominales te duelen del esfuerzo por moverte, al igual que tus piernas y manos inmovilizadas. Movés tu pelvis porque ya no podés sentir más, como ara apartar su lengua que continúa esforzándose con tu clítoris, pero no lográs apartarla.
Y aquí lo increíble, cuando ya estabas segura de haber tenido el orgasmo de tu vida, sus manos sueltan tus pechos, agarran directamente los opresores de los pezones y los estiran hacia arriba con fuerza. Una sensación de electricidad emanada de ellos en lo que reconocés como un dolor terrible se suma a la fuerza del orgasmo moribundo y le imprime una nueva vitalidad. Estás acabando de nuevo gracias a ello. Un nuevo e inconcebible orgasmo nace del centro de tu cuerpo. “No puede ser” pensás, pero puede, y es, como si esto fuera posible mucho más fuerte que el primero. Su lengua sigue atacando tu clítoris, sus manos sostienen en alto tirando cada vez con más fuerza de tus pezones y, con cada movimiento tuyo, el dolor se hace mas intenso haciendo lo mismo con ese orgasmo fantástico. Cuanto más tira de los presores de los pezones, más se intensifica el orgasmo o, mejor dicho, “los” orgasmos ya que cuando parece terminar uno, nace un nuevo tirón y con él una nueva explosión.


(Continuará… si lo votan)

v 2.5b