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Nuestra primera vez

Calificación del relato

(4)
Autor: Kalina
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Promedio de 4.2 puntos
Enviado el 23 de ago de 2010

Le he dado permiso a mi sumiso para que haga un relato del inicio de nuestra relación. Lo pongo aquí yo porque no le he permitido que entre a este foro. Lo he dejado tal cual lo escribió, no he quitado ni añadido nada, aunque probablemente yo lo hubiera escrito de forma diferente.

NUESTRA PRIMERA VEZ

Conozco a Ama Kalina desde hace unos cuatro años. No éramos amigos íntimos pero ya teníamos cierta confianza. Tenemos amigos comunes y de vez en cuando coincidíamos en cenas, tomando copas o yendo al cine. Ella tiene una personalidad muy fuerte, le gusta bastante imponer su criterio aunque es respetuosa con los gustos de los demás y muchas veces cede para acomodarse a los planes de los otros. Pero yo sabía que a ella le gustaba dominar el cotarro, ser la que mandaba.

Poco a poco, esa característica de mi Ama me fue pareciendo más y más atractiva. Me gustaba que ella decidiera dónde ir, qué película ver, y hasta que me dijera “Esos pantalones no te sientan bien, no te los pongas más”. Bastaba con que ella me dijera algo así para que al llegar a casa tirara los pantalones inmediatamente, para que no me dieran tentaciones de ponérmelos nunca.

Tardé mucho en hacerlo, pero un día que estábamos solos me armé de valor y le conté todo lo que sentía. Le dije que me gustaría convertirme en su sirviente, en su esclavo, que tomara las riendas de mi vida. Se echó a reír, pero no por burla, sino porque creyó que era una broma mía. Cuando la convencí de que era verdad me dijo que no sabía cómo se hacía eso. Le conté las fantasías que había tenido con ella, que incluso me gustaba imaginar más allá de que me tratara como un sirviente, que deseaba que me tratara como a algo despreciable, como a una puta, como a una zorra. Que me obligara a hacer cosas que me humillan, que están en contra de mi naturaleza, como vestirme con ropas de mujer. Hablamos mucho rato y le dije que estaba convencido de que con el tiempo llegaría a hacer lo que más me puede humillar en este mundo: que me obligara a chuparle la polla a un hombre y que ella me sodomizara.

Me dijo que se lo pensaría, y en dos semanas no volvió a sacar el tema. Al cabo de ese tiempo, me llamó y me citó en una cafetería. Me dijo que había estado informándose del tema por internet, que la idea había terminado por entusiasmarla, que estaba un poco asustada por si no sabía hacerlo bien, pero que lo intentaría. Me sentí feliz. Dijo que teníamos que establecer unas reglas. Yo no quería que me causara dolor físico, sino sólo ser su puta y que me humillara. Ella tampoco se sentía con fuerzas como para causar dolor físico a nadie, y le atraía mucho la idea de tener un esclavo sexual. Parecía que nuestros deseos encajaban a la perfección. Finalmente los dos nos comprometimos a estar a prueba una temporada. Me dio una lista que traía preparada con algunas cosas que debía llevar y me dijo que fuera a su casa el sábado siguiente a las seis.

En los días siguientes casi no pude dormir de los nervios. Supongo que en el trabajo estuve raro, pero como tengo la ventaja de ser el jefe, el dueño de la empresa, puedo encerrarme en el despacho, o incluso ausentarme diciendo que tengo una reunión. Aprovechando esa circunstancia pasé esos días un poco aislado de mis empleados, para que nadie notara nada. En esos días tuve que pasar por una experiencia humillante, que fue la de ir a comprar unas bragas negras de encaje para mí. Fui incapaz de decirle a la dependienta que eran para mí, y le dije que estaba organizando una despedida de soltero y que era una broma para el novio, que era más o menos de mi mismo tamaño. La chica se rió y cuando elegí las bragas me dijo que por qué no me llevaba un sujetador a juego. Aunque Ama Kalina no me había dicho nada de eso, me pareció una buena idea. La chica de la tienda me proporcionó también como una especie de prótesis para rellenar las copas del sujetador.

Ama Kalina también me había dicho que me presentara bien afeitado y con los genitales rasurados. Yo no había hecho nunca esto último pero ella, previsora, me había puesto en la lista cómo encontrar un vídeo de Youtube donde se explicaba bien. Vi el vídeo como unas quince veces, y empecé a hacerlo con más miedo que vergüenza. No quedó perfecto pero por lo menos no me hice ningún corte.

El día marcado me presenté en casa de Ama Kalina llevando en una bolsa las bragas, el sujetador, condones, una caja de guantes de látex y un lubricante anal. Estaba totalmente nervioso, y ella se dio cuenta en cuanto abrió la puerta. Estuvo muy simpática, tratando de que me tranquilizara. Estaba preparando café y mientras tanto me habló con mucha dulzura, asegurándome que no iba a hacerme ningún daño, que lo pasaríamos muy bien y que si me angustiaba podía parar aquello en cualquier momento. Le dije que me había tomado el atrevimiento de comprar también el sujetador y le pareció buena idea, aunque me advirtió que en futuro no tomara ninguna otra decisión por mi cuenta.

Cuando terminamos de tomar el café, aquello empezó de verdad. Andando delante de mí me condujo hasta su dormitorio. Allí me ordenó secamente que me desnudara, que tenía que examinarme para ver si valía la pena tomarme como esclavo. Ella nunca me había visto desnudo, sólo en traje de baño pero eso, al mismo tiempo que humillación, me produjo una sensación que nunca había experimentado. Supe que no me había equivocado. Aquello era lo que yo quería.

Ama Kalina estudió mi cuerpo centímetro a centímetro, señalando todos los defectos. Cogió mi polla con las dos manos y con mucha suavidad, y me acarició los testículos. Dijo que mi rasurado no estaba mal del todo, pero que tenía que hacerlo mejor. La polla comenzó a ponerse dura y en cuanto ella se percató la soltó, diciendo que eso ahora no tocaba. Me hizo darme la vuelta, abrir un poco las piernas, inclinarme hacia delante y abrir mi culo con los dedos. Fue otra humillación maravillosa. Me dio una palmada en el culo y me dijo que ya había visto todo lo que necesitaba.

-    En realidad eres una puta guarra, una puta de esquina, y no debes intentar fingir ser otra cosa. Vístete como te corresponde.

Me puse las bragas y el sujetador. Me sentía totalmente ridículo. Quería verme en un espejo y lo temía al mismo tiempo. Ama Kalina apareció con una bolsita. Me pintó con sombra de ojos azul y los labios de rojo fuerte.

-    Ahora sí pareces lo que eres, zorra. Mírate al espejo.

Cuando me vi en el espejo casi me desmayo. Estaba grotesco y con un aspecto repugnante. Tengo un aspecto muy varonil y aquella visión me golpeó. Se sentó cómodamente en un sillón, encendió un cigarrillo y dijo que permaneciera en pie delante de ella. Quería que le contara todos los pormenores de mi vida sexual desde que dejé de ser virgen. Le conté cosas que nunca había hablado a nadie, como mis relaciones con mi exmujer.

Cuando terminó, me dijo que estaba asqueada de mi aspecto, y que iba a adecentarme un poco porque, aunque era consciente de que yo no era más que una zorra de baja estofa, ella no podía tener un sirviente tan impresentable. Se fue para el cuarto de baño, indicándome con un gesto de las manos que la siguiera. Cada vez que la oía llamarme puta, guarra, zorra y cosas parecidas me sentía en la gloria. Me identificaba totalmente con todo lo que me decía.

Su baño es precioso. Tiene una ducha enorme, con puertas de cristal que abren hacia fuera. Hizo que me metiera dentro y que me pusiera a cuatro patas. Ella se quitó la ropa, quejándose de tener que hacerlo para no mojársela, y echándome la culpa por ello. Se quedó con un conjunto de sujetador y bragas de encaje blanco que era precioso. Sus pezones se veían a través del encaje, y temí que me fuera a empezar de nuevo una erección y que se enfadara como antes. Me controlé con un esfuerzo.

Me mojó por todas partes y empezó a enjabonarme con energía, empezando por la cara para quitarme toda la pintura, y dedicándose sobre todo a mis genitales, donde me refregaba con todas sus ganas.

-    Eres una puta tan guarra que te meterás en todos los portales con los tipos más enfermos y degenerados que te encuentres por la calle. Y como eres sucia llevarás encima el semen de cientos de ellos. No puedes soñar ni tocarme mientras no estés limpia.

Me restregó con toda el alma con una esponja muy áspera, y después me enjuagó a conciencia. Me dio una toalla para que me secara y me dijo que me quedara dentro de la ducha.

-    Me has hecho sudar, desgraciada. Ahora tendré que ducharme yo también. Pero aprovecharé que tengo una aprendiza de doncella.

Mientras tanto, ella se quitaba su ropa interior, envolvía su pelo en una toalla y se metía en la ducha.

-    Este cuerpo que ves es demasiado bonito y elegante para que una zorra como tú sepa apreciarlo. Vosotras no entendéis de esto. Pero que sepas que es un cuerpo para adorar, y es eso lo que debes hacer.

Yo asentía, impresionado de verla desnuda por primera vez y por el hecho de que iba a poner mis manos sobre ella. Tiene la piel blanca, las areolas de los pechos rosadas, y los pezones de un rojo más vivo. Tiene un cuerpo esbelto pero con curvas muy agradables y excitantes, nada exagerado. Realmente no aparenta la edad que tiene. Sus pechos, sus caderas y su culo me encantaron. Me ordenó que la enjabonara con suavidad, y así lo hice. La ducha es muy amplia y nos movíamos con comodidad. Cuando terminé, la sequé delicadamente con una tolla esponjosa. Ella se fue hacia el dormitorio, ordenándome que arreglara todo el baño y después la siguiera.

Cuando llegué al dormitorio vi que había puesto su toalla sobre la cama, y se había tendido sobre ella boca abajo. Me ordenó que le diera un masaje con una leche corporal. Empecé con las manos temblorosas pero como vi que emitía algunos sonidos que eran señal de que le gustaba, me tranquilicé. Pero al mismo tiempo estaba temeroso de la posibilidad de que me excitara, así que intenté controlarme. Después se dio la vuelta y me dijo que la masajeara por la parte delantera. Al llegar a sus pechos empecé a ponerme nervioso y en su pubis estaba ya realmente excitado. Ella se sonrió y me dijo que ahora sí era el momento del sexo, y que me olvidara de la puta guarra que era. Que necesitaba a un auténtico macho. Me indicó lo que le gustaba. Besos y caricias por todo el cuerpo, mi boca en sus pezones, chupando, succionando con fuerza, mordisqueando. Ella se retorcía de gusto, y entonces abrió las piernas. Yo entendí, y empecé a estimular con mis dedos su coño, totalmente mojado, Metí los dedos en su vagina, frotaba su clítoris, lo tomaba entre mis dedos y estiraba un poco. Ama Kalina cada vez jadeaba y gemía más, y cuando ya hubo tenido dos orgasmos me indicó que me pusiera el preservativo y la penetrara. Me puse entre sus piernas, y ella puso sus tobillos sobre mis hombros. No creo que sea necesario explicar más, pero fue tremendamente satisfactorio para ambos. Me dijo que cuando hubiera descansado un momento fuera al baño y me limpiara de nuevo.

Al volver, ella estaba en pie, poniendo un gran almohadón en el centro de la cama.

-    Como me has dado mucho gusto, voy a corresponderte violando tu culito virgen. Relájate y no temas que no te voy a hacer daño.

Yo temía ese momento, pero la humillación de lo que iba a hacer era demasiado atrayente al mismo tiempo. Me hizo tumbarme boca arriba, la parte baja de mi espalda levantada por el almohadón para que todo quedara expuesto. Hizo que flexionara las rodillas, llevando las piernas sobre mi pecho. Ella comenzó a acariciarme la polla y los testículos con la mano izquierda, según me dijo para que asociara aquello con una sensación placentera. Me sorprendí porque pensé que iba a ser más brusca, pero me dijo que era la primera vez, y que no quería añadir dolor a la humillación. Al fin y al cabo, mi humillación y su disfrute sexual eran nuestros objetivos.

En la mano derecha se puso un guante, puso abundante lubricante en su dedo corazón y un buen chorro sobre mi ano. Mientras seguía acariciándome con la mano izquierda, con la derecha empezó a acariciar en círculos alrededor de mi ano, cada vez un poquito más dentro. Por fin empezó a introducir el dedo. Yo sentía tantas cosas al mismo tiempo que tenía la cabeza loca. Al principio, sin querer, me resistí un poco. Ama Kalina se detuvo, dijo que como no me relajara me iba a hacer daño, porque ella no iba a parar. Con mucho esfuerzo mental conseguí relajarme de nuevo, y el dedo entraba y salía, cada vez un poco más dentro. Mi polla estaba otra vez dura, y Ama Kalina me dijo que como me corriera me iba a dar un castigo en esa parte que no olvidaría. Yo estaba deseando que terminara, porque no sabía si sería capaz de controlarme, pero al mismo tiempo empecé a disfrutar de la sensación de su dedo.

Cuando el dedo entró del todo, respiré aliviado porque pensé que había terminado. Pero no. Entonces empezó poco a poco otra vez, pero con dos dedos, creo que índice y corazón. La agonía volvía de nuevo. La humillación de ver mi culo utilizado, el esfuerzo por no excitarme y por no contraer los músculos, el placer de sentir sus manos, era una mezcla explosiva. Sentí que tanto esfuerzo me estaba provocando dolor de cabeza.

Estuvimos así un largo rato, y cuando los dos dedos entraban y salían con comodidad, Ama Kalina dio la sesión por terminada. Me dijo que sucesivamente iría introduciéndome objetos de mayor calibre. Me ordenó que me lavara de nuevo y que volviera vestido con mi ropa.

Cuando volví del baño ella estaba tendida en la cama, todavía desnuda, recostada sobre unos almohadones, las rodillas flexionadas y las piernas un poco abiertas, dejando ver su precioso coño, todo depilado. En un papel me había apuntado alguna cosa que debía comprar, como un juego de varios plugs anales de diámetros variados, y una minifalda de cuero, para completar mi atuendo de prostituta También me había señalado algunos días para que fuera a trabajar llevando puestas las bragas, en lugar de calzoncillos. Me puso como tarea que pensara en todo lo que había sentido desde que llamé a la puerta, para que se lo explicara después detenidamente. Creo que quería asegurarse de que lo estaba haciendo bien, porque se sentía aún algo insegura por su inexperiencia. Me indicó que me despidiera poniéndome de rodillas, en un gesto de adoración, y que besara suavemente su coño húmedo con la misma reverencia con la que se besa una imagen sagrada.

Ella siguió allí tendida mientras yo iba hacia la puerta y salía de la casa. Estaba excitado, más convencido que nunca de que aquello era lo que yo quería, deseando que me llamara de nuevo para repetir. Al mismo tiempo me sentía atemorizado por lo bien que me había sentido vestido con ropa interior de mujer, oyendo como me llamaba puta, guarra y zorra. No comprendía como un hombre como yo podía resistir aquello. Y con el miedo de no poder aguantar estar horas con aquellas bragas, o que entrara alguien en los servicios de la empresa cuando yo estuviera allí y viera algo. Pero totalmente decidido a no defraudarla.

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Bien, hasta aquí el relato. Espero vuestras opiniones.

v 2.5b