Me dio las llaves de su casa y tengo órdenes de vestirme de sirvienta y esperar en el living a que vuelva del trabajo con todos los juguetes ordenados sobre la mesa ratona. Estoy ansioso y asustado a la vez porque me prometió una sorpresa “fuerte”, para la que, según ella, ya estoy preparado. El disfraz es completo, incluso unos pechos de látex, un corset que los sostiene apretados contra mi pecho, una máscara femenina, peluca y un cinturón de castidad que mantiene mi sexo constreñido entre las piernas y queda asegurado por un candado. Solo falta la pollera, de manera que finalmente estoy cubierto de pies a cabeza pero mi cola está expuesta. La máscara dificulta algo la respiración y restringe mi campo de visión, además los zapatos me aprietan los pies y me cuesta caminar sobre los tacos altos pero nada de eso me importa sabiendo que en cualquier momento llega ella y voy a poder adorarla como se merece.
Aprovecho el tiempo para ordenar el living y desplegar los juguetes sobre la mesa, asegurándome de que esté todo limpio y prolijo. Cuando escucho las llaves en la cerradura me arrodillo ante la puerta esperando a que entre y de pronto me embarga una sensación de pánico al ver que no está sola, sino que la acompañan dos hombres. Quisiera salir corriendo a esconderme pero mis piernas no me responden y al menos agradezco que la máscara oculte mi vergüenza. Ella me dice que me sigue amando como siempre pero que decidió que era tiempo de tener otros esclavos que la satisfagan de formas que yo no se hacerlo. Si no acepto su decisión no estoy obligado a quedarme, puedo irme y asi no enterarme de nada de lo que pase esa noche. Estoy aturdido, no se que hacer, tengo sentimientos encontrados, me quedo ahí arrodillado sin decir nada, pero finalmente agacho la cabeza y beso sus pies en señal de aprobación. Entonces me ordena que les prepare algo de comer mientras se cambia. Sus nuevos esclavos la acompañan a la habitación y yo me dirijo a la cocina. Cuando regreso con la comida está deslumbrante, enfundada en ropa de cuero negro, y me alegro de haber aceptado quedarme para no perderme esta visión. Durante la comida tengo que quedarme parado a un costado, atento a no dejar que se vacíen las copas, ardiendo de celos al ver como se ríe de los chistes idiotas que le cuentan los tipos, como los incita sexualmente y como se deja acariciar. Nadie parece reparar en mí. Me siento abandonado, desechado y aun así deseo estar ahí. Cuando terminan de comer me ordena que recoja la mesa y les sirva café en el living. Cuando vuelvo con el café están sentados en el sillón, manoseándose y revisando los juguetes. Entonces se para y me venda los ojos, una sensación de alegría me invade al ver que por fin me presta atención, siento que sus manos recorren mi cuerpo y se entretienen en mi cola. Mi sexo pretende dilatarse pero la jaula en la que se encuentra lo impide. En eso unas manos fuertes me toman por los hombros, me obligan a inclinarme y un líquido frío se desliza por mi ano. Un dedo me penetra suavemente, y de golpe una sensación de pánico me invade cuando me percato de que ella tenía puestos un par de largos guantes de cuero muy fino que estoy seguro no quisiera arruinar impregnándolos con el lubricante que me acaban de poner. Quiero imaginar que es ella que se quitó uno de los guantes pero no estoy seguro, le pregunto pero no contesta, vuelvo a preguntar con insistencia y solo consigo que me pongan una mordaza, me esposen las manos y me obliguen a abrir las piernas atando los pies a los extremos de una barra metálica. Una vez inmovilizado siento que me introducen otra cosa por el ano, algo que se va agrandando y presionando el interior. Cuando la dilatación es tal que ya no aguanto el movimiento se detiene, me quitan la venda de los ojos y los tipos atan una cuerda de las esposas que aseguran a un gancho en la pared. Acto seguido tengo que ver como los desnudas, como te acarician todo el cuerpo, como les chupas el sexo y te metes sus miembros, uno en la vagina y otro en el ano, todo delante de mis ojos. Los celos me matan y sin embargo no puedo evitar que la situación me excite. Mi miembro se comprime contra las paredes de su cárcel, me duele la presión que crece a cada momento escuchando tus gemidos de placer. En eso le decís a uno de los tipos que me desate de la pared y me saque la mordaza para que pueda limpiarte las botas con mi lengua mientras te cojen. Me acerco como puedo, arrastrándome al estar imposibilitado de caminar con los tacos altos y la barra separándome los pies. Me meto entre los cuerpos jadeantes hasta alcanzar tus piernas. La máscara deja una estrecha abertura a la altura de la boca por la que saco la lengua y recorro tus botas. No aguanto más el cinturón de castidad pero es imposible de sacar sin la llave del candado. Cuando llegan al clímax y escucho sus gritos de placer siento como me corre un hilo de semen que no llega a tener la potencia de un orgasmo por la situación en que se encuentra mi miembro. Una vez satisfecha, me das la llave liberadora y me autorizas a masturbarme mientras te limpio los jugos con los que te llenaron tus nuevos esclavos.