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Sin poder dormir

Calificación del relato

(14)
Autor: Servus
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Promedio de 3.7 puntos
Enviado el 11 de dic de 2010

Soy el sumiso de Muy Picara y anoche hizo conmigo algo que nunca antes había hecho.

Ella ya me había advertido que algo pasaría esa noche, así que, aunque ya me había acostado y estaba medio dormido, cuando ella entró al cuarto me desperté enseguida.

Cuando ella se dispone a hacer algo, cambia su tono de voz, en realidad, casi deja de hablarme o solo me dice lo que tengo que hacer para facilitarle la tarea.

Me destapó, me dijo que levantara la espalda, me pasó por debajo una faja elástica de goma, de esas que se utilizan para hacer gimnasia y me dijo que respirara profundo varias veces.

La última vez me dijo que sacara todo el aire y que aguantara y cuando lo hice, me ajustó la faja, muy tirante, en la parte baja del abdomen.

Me preguntó si estaba muy ajustada y la como estaba sorprendió por lo que estaba haciendo le dije ingenuamente que no. Hizo una mueca de fastidio y repitió la operación, pero esta vez, cuando me hizo sacar el aire apoyó sus dos manos en mi abdomen, dejo caer todo su peso sobre mí  y me sacó a la fuerza todo el aire. Me dijo que me quedara quieto y esta vez, estiró la goma con más fuerza y la apretó.

Me dijo hasta mañana, apagó la luz, se dio vuelta y se durmió.

Me quedé quieto, mirando el reloj luminoso, eran casi las dos de la mañana, tratando de reconocer lo que sentía mi cuerpo.

Y lo que sentía era una sensación muy fuerte de ahogo y dolor en el abdomen.

Estaba muy cansado, tenía mucho sueño pero no podía dormirme.

No sabía que hacer, no podía decirle nada y ni se me ocurrió tratar de sacarme la faja.

Para peor, me di cuenta que tenía una erección, estaba caliente como un perro.

El tiempo empezó a pasar, miraba el reloj, la mente se me iba en cualquier cosa, hasta que el dolor me centraba y me hacía volver. Trataba de dormir, empecé a contar hacia atrás como hago cuando no puedo dormir, pero no había forma.

Finalmente, el cansancio pudo más que el dolor y finalmente me dormí… por media hora.

Eran las cuatro de la mañana. Me levanté, fui al baño, ella dormía profundamente, y me volví a acostar.

Seguía mirando el reloj, me daba vuelta, trataba de buscar una posición más cómoda, tocaba la faja con la mano, pero cada vez era peor.

Estuve a punto de despertarla y pedirle por favor que la sacara o al menos la aflojara un poco o la sacara pero la idea me duró poco. Sabía que si lo hacía podría no soltarme y de todas formas el solo pedirlo era defraudarla y además, me exponía a un castigo.

Nuevamente me dormí y cuando me desperté, miré el reloj y eran las seis de la mañana.

Ella se levanta muy temprano y mis movimientos la despertaron. Me preguntó,  - ¿Cómo estas? Y le dije, - Tengo ganas de ir al baño. Me sacó la faja y me dijo - Anda.

Le dije simplemente - Gracias y respiré aliviado (nunca mejor dicho).

Volví y me dijo – Así me gusta, que sos un putito obediente.

Me la agarró con la mano y se la puso en la boca.

Me la chupó y me hizo la paja con tanta fuerza que no tardé en acabar.

Sólo me dijo, - Ese es tu premio por portarte bien. Ahora dormí.

Ella sabe perfectamente lo que hace. Sabe que no había podido dormir en toda la noche, y ahora me daba el premio.

Es la forma que tienen de enviciarme cada vez más y más. Me produce dolor e incomodidad y como premio, después me da placer. Y yo no tengo elección…

Para terminar el relato, dormí hasta el medio día y ahora estoy escribiendo.

Todavía me duele, siento una sensación rara en todo el cuerpo, pero también estoy orgulloso, porque no la defraudé.

Debo agregar que escribo este relato porque ella disfruta enormemente que le detalle lo que siento física y emocionalmente cuando juega conmigo.

Espero haberlo descripto de una buena forma. En este momento, no me apetece un castigo.

Tuyo

servus {MPC}

v 2.5b