sura
Reg.: 24 dic '09
Mensajes: 124
Ubicación: Espana
Sexo: Hombre
Edad: 35
Rol: Curioso

enviado el miércoles 05 de mayo de 2010 a las 11:37:57
Yo lo lei de niño de pie en el corte ingles. Hacía poco que había leído en la enciclopedia de mi madre sobre el masoquismo, y que me había mareado. Caminaba por la calle con la vista fija en las piernas y en los zapatos de las mujeres, consciente de que estaba contaminado por alguna sustancia maligna. La angustia era mi aliada, era mi hermana. Iba conmigo fuera adónde fuera. Que nuevo parecía todo. Que extraña sensación al ver los zapatos de las mujeres. Como levantaban el zapato y luego lo apoyaban de nuevo en el suelo. Yo era el observador. Una parte de mi quería arrastrarse. Pero también sabia que era algo malo. Así que tenía que reprenderme a mi mismo.
Y en el corte ingles descubrí los libros de sexualidad que tenían por cierto al lado de los de cocina. Así podía disimular. Comencé a ojear libros eroticos buscando por las páginas cualquier momento de humillación. Como no tenía amigos y realmente tampoco es que tuviera muchas ganas de estar en casa, me pasaba todo el tiempo libre en el corte ingles. Era una especie de friki con greñas y unas gafas azules.
A los pies de Omphalos era como el viento soplándome en la cara. Un mundo de nuevas sensaciones que yo sabía tenebrosas. ¡Ahi había una mujer con bellas piernas y zapatos! Podía tirar el libro y arrodillarme en el suelo. Y todo parecía estar bien. A los pies de Omphalos estaba conmigo.
Hay un momento en que la mujer se dice a si misma que atara al hombre al molino como un animal. O algo así. Y la sensación fue como una sacudida. Aunque no sé si estoy exagerando porque ahora ya nada es igual. Ya nada es igual. Estuve mucho tiempo en el corte ingles leyendo aquellos libros eróticos, engañandome a mi mismo con la excusa de que estaba buscando información de mi enfermedad para comprenderla y erradicarla. Una vez compré uno. Se llamaba sádica cenicienta. Recuerdo que lo leí por la calle, sentándome en portales. Al terminar lo rompí. Como un conocimiento arcano no debía quedar ninguna prueba, ninguna señal. Una vez leido el libro mágico, no tenía sentido conservarlo.