¡Nuestros viejos tangos merecen una oportunidad!
Lo primero que se puede hacer, es alterar "un poco" las letras de los años 20, que desvastaban a la "mujer débil y traidora", y convertirlas en la panacea de la devoción por la mujer inaccesible, inevitablemente glorificada por la fuerza de su propia naturaleza. Y a la que se esperará toda la vida...y aún después.
¡Esos taitas del tango estaban a "un pasito" de la devoción incondicional por la mujer sostenida DIOSA más allá de cualquier circunstancia!
Empecemos con POBRE CORAZON MIO, de Pascual Contursi. Y la posibilidad de guardar el facón porque su entrega es más fuerte...
Cotorro que alegraba
las horas de mi vida,
hoy siento que me muero
de angustia y de dolor.
Vivir sin la esperanza
de la diosa venerada
sentir la herida abierta,
sangrando el corazón.
Aun cuidas en el piso
la marca de las huellas
que en noche no lejana
dejaran de bailar,
y aún hay en el ambiente
las miradas aquellas
de aquel humilde sumiso
al que su látigo hizo aullar
En mi pellejo entonces
planté las efusiones
guardando mis facones
el suelo fui a besar
y mientras aquel piso
con mis labios yo mojaba
mi dueña iba y venía
y a esos taitas sometió
Pronto están al llegar las palabras del lunfardo (que se resistía a incluir expresiones como Diosa o devoción) que realcen esta incomparable potestad de la MUJER.
y así, LA MOROCHA tiene una nueva versión que estimularía a Don Angel Villoldo, si hubiese podido vivir ochenta años más para contarlo...
Yo soy la morocha,
la más agraciada,
la más renombrada
de esta población.
Soy la que al paisano
muy de madrugada,
muy de madrugada
somete mejor.
Yo con férreo acento
junto a mi castillo
canto mi "obedezca"
con fuerza y ardor,
mientras que el sumiso
sale al trotecito,
sale al trotecito
en cuatro o en dos.
Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares,
y alegre pasa la vida
con sus voluntades.
Soy el Ama preferida
del fiel sumiso porteño,
la que maneja las riendas
de su destino.
Yo soy la morocha
de andar simiente
la que en su alma siente
el aura de su plus.
Soy la que al sumiso
más noble y valiente
más noble y valiente
sume con su don.
En mi gran castillo,
sobre las estrellas,
en noche plateada,
con bella canción
me canto a mi misma
a mis territorios
a esos fieles perros
y a su sumisión
¡Habrá que seguir con la renovación de la década del 40!


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