MOSHE
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Tiene sumisos/as

enviado el sábado 14 de enero de 2012 a las 14:49:29
He aquí nuevamente a Kundera sobre Bacon. Palabras que dan una vuelta más a su texto del posteo inicial sobre Bacon y sobre la mujer que se reunió (con el mismo Kundera) y que quedó expuesta como "res trochada en carnicería" frente a él.
"Relacionar a Jesús clavado en la cruz con los mataderos y con el miedo de los animales (como hace Kundera) podría parecer un sacrilegio. Pero Bacon no es creyente y la noción de sacrilegio no encuentra cabida en su manera de pensar; según él, "el hombre cae en la cuenta ahora de que es un accidente, de que es un ser desprovisto de sentido, de que tiene que jugar sin razón el juego hasta el final". Visto desde ese ángulo, Jesús es ese accidente que, sin razón, ha jugado el juego hasta el final. La cruz: el fin del juego que se ha jugado hasta el final.
No, nada de sacrilegio; más bien una mirada lúcida, triste, pensativa y que intenta penetrar hacia lo esencial. Y ¿qué es lo que se revela como esencial cuando todos los sueños se han desvanecido y que el hombre ve como "las posibilidades religiosas...se anulan totalmente para él"? El cuerpo. El único "Ecce homo", evidente, patético y concreto. Porque, "sin duda, somos carne, somos esqueletos en potencia. Si voy al carnicero, siempre me sorprende no estar allí, en lugar del animal".
No es pesimismo ni desesperación, es una simple evidencia, pero una evidencia que suele quedar velada por nuestra pertenencia a una colectividad que nos ciega con sus sueños, sus excitaciones, sus proyectos, sus ilusiones, sus luchas, sus causas, sus religiones, sus ideologías, sus pasiones. Y entonces, un día, cae el velo dejándonos a solas con el cuerpo, a merced del cuerpo, como lo estaba la joven de Praga, quien, tras el impacto del interrogatorio, se alejaba cada tres minutos hacia el baño. Había quedado reducida a su miedo, a la rabia de sus entrañas y al ruido del agua que oía caer en la cisterna al igual que la oigo caer yo cuando miro el "personaje junto a una palangana", de 1976, o el "Tríptico", de 1973, de Bacon. A lo que tuvo que hacer frente aquella joven de Praga ya no fue la policía, un "apparatchik", un verdugo, sino un Dios, o un anti-Dios, Dios malvado de los gnósticos, un Demiurgo, un Creador, aquel que nos ha entrampado para siempre mediante ese "accidente" del cuerpo que había urdido en su taller y del que, durante un tiempo, estamos obligados a convertirnos en alma.
Bacon espiaba con frecuencia ese taller del Creador; la prueba está por ejemplo en los cuadros titulados "Estudios del cuerpo humano" en los que desenmascara el cuerpo humano como un simple "accidente", accidente que bien habría podido moldearse de otro modo, por ejemplo, qué seé yo, con tres manos o con los ojos situados en las rodillas. Estos son los únicos cuadros que me llenan de horror. Pero ¿es "horror" la palabra adecuada? No. Para la sensación que suscitan no es la palabra adecuada. Aquí el horror proviene del "carácter accidental", súbitamente desvelado por el pintor, del cuerpo humano.
¿Qué nos queda una vez que hemos bajado hasta aquí?
El rostro;
el rostro que encierra "ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto que es el "yo" infinitamente frágil, estremeciéndose en el cuerpo;
el rostro sobre el que fijo mi mirada con el fin de encontrar en él una razón para vivir ese "accidente desprovisto de sentido" que es la vida."