Como ya dije en otro lado, me inicié en esto gracias a un ejemplar en rústica de Les Cent Vingt Journées de Sodome ou L'École du libertinage ("Los 120 días de Sodoma o La Escuela del Libertinaje"), del Marqués de Sade. Según mi opinión, se trata de la más extraordinaria de sus obras.
Siempre estuve disconforme con las traducciones disponibles, la mayoría de las cuales son una traducción castellana de la traducción inglesa de la traducción alemana del original francés. Como comprenderán, se arman unas cadenas de translaciones de errores horribles (al menos en las ediciones baratas). Sobre todo los traductores ingleses, que llegan al extremo de introducir frases que no están en el original, desvirtuando así hasta el carácter de los extraordinarios personajes del Divino Marqués.
Bueno, la cosa es que me puse a traducir del original francés en la edición de Guillaume Apollinaire de 1909.
Algún día la terminaré. Mientras tanto, les dejo el fragmento que más me gusta: el martirio de Augustine. Se encuentra en la Parte Cuarta ("Pasiones Homicidas o de Cuarta Clase"), y en la ficción ocurre el día 24 de febrero.
Luego, si quieren, me cuentan qué les provoca el fragmento así, literal y sacado de contexto.
NOTA: Los espíritus sensibles o impresionables deberían dejar de leer aquí mismo.
Escoltados por Desgranges y Duclos, el Duque y Curval hacen un viaje a la bodega con Augustine en el curso de esa noche; su culo había sido preservado en excelente condición. Entonces los dos hermanos se lo cogen alternativamente pero no descargan. Luego, el Duque le hace cincuenta y ocho heridas en las nalgas y le echa aceite hirviendo en cada tajo. Le mete un hierro al rojo en la vagina y otro en el ano, y penetra sus encantos heridos con el pene metido en un condón de piel de foca que empeora el ya de por sí lamentable estado de sus partes privadas. Hecho esto, la carne le es arrancada de los huesos de los brazos y las piernas, los huesos aserrados en varias partes diferentes, y los nervios puestos al descubierto en cuatro lugares adyacentes. Los extremos de los nervios se atan a un corto palito que, como un torniquete, es girado, estirando los susodichos nervios. Los nervios son una parte muy delicada de la anatomía humana, los cuales, ante el maltrato, causan un gran sufrimiento al paciente. Las agonías de Augustine son inauditas.
Se le da un descanso y se le permite recuperarse. Luego, los Señores vuelven al trabajo, pero esta vez, a medida que los nervios quedan a la vista, se los estiran y raspan con la hoja de un cuchillo. Los amigos completan la operación y cambian de método: le hacen un agujero en la garganta, le doblan la lengua hacia atrás y tiran hacia abajo, sacándola por el orificio. Le asan la teta que le queda, y luego, usando un bisturí, el Duque le mete la mano en la concha y corta el tabique que separa el ano de la vagina; tira a un costado el escalpelo, vuelve a meter la mano, y, escarbando entre sus entrañas, la fuerza a cagar por la vagina. Luego, volviendo a entrar por el mismo agujero, trabaja hacia arriba y corta para abrir el estómago. Luego, se concentran en su aspecto. Le cortan las orejas, le queman los orificios nasales, la ciegan echándole lacre derretido en los ojos, le serruchan el cráneo todo alrededor, la cuelgan del techo por el cabello y le atan piedras a los pies, dejando que caiga: la bóveda craneana queda colgando.
Cuando cae, todavía respira, y el Duque la coge por la concha en ese estado; descarga solo para enfurecerse aún más. Corta el vientre en dos, la abre completa, y aplica fuego a sus entrañas. Mientras tanto, bisturí en mano, el Presidente escarba en el pecho y le hiere el corazón, pinchándolo en varios lugares. Solo entonces el alma huye de su cuerpo; así perece, a la edad de quince años y ocho meses, una de las más celestiales criaturas jamás formadas por la mano de la Naturaleza, etc. Su elogio.


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