Tengo que confesarlo: le huí tanto que ya casi había olvidado que no lo había leído.
Pero cada libro llega a su tiempo.
Soy un fan de Milan Kundera y he leído casi todos sus libros.
Pero me faltaba el esencial.
¿Qué se puede decir de un libro que se adelanta a tus pensamientos, un libro que ausculta los pensamientos que uno trata de negar a diario con una sonrisa distractora, con la palabra que dé en el blanco para acercar (o alejar) a los demás?
Y éste libro demuestra una cosa: las enrevezadas pueden ser las palabras proferidas. Los pensamientos nacen limpitos, cristalinos como los sueños que el fundido de la vida trata de entreverar.
Como capta, con las palabras más accesibles, el brutal pasaje, en el instante fatal menos imaginado, de lo pesado a lo liviano. De lo liviano a lo pesado.
Kundera es un sabio, alguien que delata lo inasible del hombre y de la mujer, algo que uno tiene a mano y dilapida, iansible como lo que está verdaderamente en la punta de nuestras manos.
Cuando vi "Maridos y esposas" de Woody Allen sentí algo parecido, una emoción y un mirarme lo obvio, como pocas veces lo he sentido. En ese momento pensé: "Este hombre (Woody Allen), es un sabio, sabe demasiado de la vida, ha visto demasiado de la vida, ha buceado en el interior más extraño, más aterrador de sí mismo, y ha vuelto con los ojos rojos de ese precipicio para contarlo".
Los temas: La mujer y el hombre. Lo animal y lo humano. La vida. La muerte como liviana lejana sombra. Envejecer. Rejuvenecer. Los laberintos escogidos de cada uno. Los celos como cronicidad de la propia prisión. La redención o la perpetuidad de los avatares de nuestros padres en nosotros mismos.
Infinito más.
¿Y el BDSM? "La insoportable..." no es un libro de BDSM (es un libro de principios de los ochenta y, por lo demás, no es que Kundera haya pretendido ir deliberadamente en nuestra dirección), pero es un inspirador para el BDSM, el BDSM está en todas partes. El libro vive en en juego de asimetrías vinculares y sexuales, en el juego del poder, en el anhelo de violencia cuando la dulzura empalaga con su caramelo, no una viloencia de matar, sino una violencia que nos haga "sentir más vivos que nunca".
Los personajes se ven arrastrados permanentemente a un juego de asimetrías, por los estados permanentes de fuerza y de debilidad. Se trataría de una debilidad en la que uno anhelaría ser redimido por la fuerza del otro. Y esto se plasma permanentemente en las transacciones sexuales de los personajes.
Me voy a permitir (lo cual tiene su cuota de sacrilegio, porque es un pecado extraer partes de semejante "todo"), algunos fragmentos de la obra, en los que se respire algo de la profunda psicología de los personajes expuestos en sus tramas vinculares, apuntando especialmente hacia los "inspiradores BDSM". En este caso, Teresa, la protagonista junto con Tomás, su gran amor, su gran precipicio (y al mismo tiempo ella y sólo ella es su gran precipicio). Teresa, Tomás y un grupo de amigos celebran en un bar el nuevo empleo de Teresa, fotógrafa en un semanario. Y como a Tomás no le gusta bailar..."un joven colega se hizo cargo de Teresa. El aspecto que tenían en la pista de baile era estupendo y Teresa le parecía más hermosa que nunca. Advertía asombrado con que precisión Teresa se adelantaba una fracción de segundo a la voluntad de su compañero. Era como si aquel baile demostrara que su espíritu de sacrificio, aquella especie de deseo entusiástico de hacer todo lo que quería Tomás, antes de que él lo dijera, no estuviera ni mucho menos ligado a la personalidad de Tomás, sino a punto para responder a la llamada de cualquier otro hombre que encontrara en su lugar..." No había un Amo en Tomás (tal vez sí algunas "sutilezas" de Amo), no un Amo contante y sonante, pero Teresa parecería tener todas las condiciones para caer en manos de un Amo que se preciara sensiblemente de serlo. Y gozozamente.
Aquí va otra de Teresa, de su sensibilidad para la obediencia, para la sumisión. Tiene su encuentro fotográfico en el estudio de Sabina, amante de Tomás, cara a cara. Y Sabina se acerca a Teresa y le dice..."Ahora te sacaré fotos yo a tí. Desnúdate".
"La palabra "desnúdate" la había oído Sabina muchas veces en boca de Tomás y se le había quedado grabada. Era por lo tanto una orden de Tomás que ahora le dirigía la amante de Tomás a la mujer de Tomás. El había unido a las dos mujeres con la misma frase mágica. Era su manera de transformar inesperadamente una inocente conversación con mujeres en una situación erótica: no mediante una caricia, un contacto, un elogio o un ruego, sino con una orden que daba de repente, inesperadamente, con suave voz pero con energía y autoridad, y manteniendo la distancia física: en esos momentos nunca tocaba a la mujer. También a Teresa le decía con frecuencia, exactamente en el mismo tono, "¡desnúdate!" y, aunque lo dijera con suavidad, aunque apenas lo susurrase, era una orden y ella se sentía siempre excitada al obedecerla. Ahora oía la misma palabra y el deseo de obedecer era quizás aún mayor, porque obedecer a una persona extraña es particularmente demencial, una demencia que en este caso resultaba aún más hermosa porque la orden no ladaba un hombre sino una mujer...".
Me gustaría terminar la presentación de este hilo con la interpretación (magnífica) de Kundera, de los pensamientos de Karenin (un perro casi con nombre de perra, porque sus dueños, Tomás y Teresa, le quitaron la "a" final, sin lo cual hubiera quedado Karenina, como Ana Karenina, la trágica heroína de Tolstoi). Sobre todo, porque leyendo estos pensamientos, no pude evitar proyectarme en Karenin y concederme un grado de "hombre-perro" en manos de Teresa ascendida a la posición de Ama de moshe-karanin con todas sus consecuencias sensuales-sexuales: "Ahora estaba en el vestíbulo mirando hacia el perchero del que colgaba la correa con el collar. Ella se lo abrochó al cuello y se fueron juntos a la tienda. Compró leche, pan, mantequilla y, como siempre, un panecillo para él. Al volver, el perro iba a su lado con el panecillo, en la boca. Miraba con orgullo y seguramente le sentaba muy bien que la gente se fijase en él e hiciese comentarios...". Yo he publicado recientemente un relato que se llama: "Mi mujer toma el mando". ¡¡Juro que cuando lo publiqué tenía un desconocimiento total del fragmento sobre Terasa y karenin que acabo de poner en juego aquí!!
He fantaseado ser el perro de Teresa estos días, entre tantas fantasías, nudos en la garganta, risas, silencios e infinitos, que "La insoportable..." ha enhebrado estos días como brotes en mí.


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