La raíz de índole filosófica del tópico me decidió a este mi primer posteo en el foro, amigo benhur.
No obstante comprender las atribuciones del autor para encuadrar y/o acotar las intervenciones de los lectores, interpreto que la intención de sondear abiertamente opiniones puesta de manifiesto en el cuerpo principal del hilo y en la segunda postdata se ve contradicha por la posdata, en tanto restringe hipotéticas participaciones, provocando un sesgo en el debate. A título personal presiento la existencia de cierta relación entre moralidad y religión o moralidad y sexualidad; me encantaría tener la oportunidad de leer a aquellos que encuentren inmoralidad en algunas de esas correspondencias, fundamentalmente si esgrimen argumentos que sustenten la creencia. Descarto que lo harían respetuosamente y aceptando el pluralismo como los demás, si les das tu ok.
Lo propio de los humanos es de vez en cuando ser agentes de acontecimientos, es decir, ser sujetos protagonistas de actos intencionados. La novedad antropológica que nos define como especie no especializada es el obrar no meramente instintivo o reflejo sino intencional, la capacidad de acción: la práctica. La intención determina la acción.
La vida simbólica, característica del ser humano, no pretende reproducir sin más la especie sino preservar individualidades. En el género humano la vida aspira a la perpetuación y propagamiento de lo irrepetible. Tras los seres configurados según su número aparece un modelo que se define a partir de singularidades. De aquí proviene la complejidad y dificultad que sentimos al intentar apreciar la adecuación de las acciones humanas respecto a la vida que defienden. En palabras de Hegel, "pensar la vida, esa es la tarea" para valorar las acciones.
Entendiendo como arte la habilidad que, aún aprendida no se domina totalmente y admite grados muy diversos en el acierto o estilo propio con que se desempeña, el arte de vivir puede ser parcialmente aprendido y es la educación la que tradicionalmente se carga de eso. Según Foucault y otros autores dos aspectos vinculados lo delinean: el cuidado de uno mismo, lo que podemos llamar "higiene" y la dimensión que se ocupa de las exigencias y compromisos que implica el reconocimiento de la humanidad de nuestros semejantes para que ellos, en debida reciprocidad simbólica, confirmen a su vez la nuestra, a la que llamamos "ética".
Vivir consiste en discernir entre las diferentes formas de actuar y valorarlas. De acuerdo con la finalidad que se pretende, las cosas se pueden hacer bien, regular o mal; incluso pueden dejar de hacerse, lo cual a su vez también será en cada caso apreciado positiva o negativamente.
Ahora, ¿quién juzga nuestras acciones?, ¿desde dónde juzgamos las ajenas?, ¿empleamos la misma escala en la valoración de acciones individuales que en las colectivas?. ¿Existe un constructo ético que condiciona el comportamiento social y otro que limita la libertad de cada individuo?.
Sin duda nuestra singularidad se reafirma, se retroalimenta en la mirada del otro. Colaboramos recíproca y socialmente para identificarnos. Las prerrogativas culturales que nos moldean, condicionadas por tiempo, lugar, paradigma imperante, sistemas de valores en tanto interpretaciones subjetivas de los individuos o grupos sociales, determinan el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana. Pero creo que en general hay una doble moralidad, o por qué no múltiple, según se trate de evaluar acciones individuales propias, individuales ajenas o colectivas.
Desde lo personal me resultan inaceptablemente inmorales todas las acciones que, enmarcadas en una relación asimétrica de poder, perjudican inexorablemente a los más débiles o vulnerables. La pedofilia, la violencia de género, la demagogia de los gobiernos dirigida particularmente hacia las clases postergadas, la expropiación de tierras a minoría originarias, la represión del Estado por medio de la fuerza pública a cualquier protesta legítima manifestada pacíficamente, el enriquecimiento obsceno de nuestros funcionarios públicos producto de negociados en el ejercicio del poder en detrimento del "bien común" (¿existirá a esta altura?)... Inscribo acá también como inmorales a los que, disponiendo de un talento o conocimiento especializado en alguna disciplina, sacan ventaja, provecho o mal informan negligentemente a quienes acuden a ellos .
Luego me reconozco más tibia en la calificación de actos privados individuales ajenos. Por ej. la infidelidad en una pareja o más categóricamente el adulterio, si bien no los celebro, simplemente me eximo de juzgarlos. Mi humilde aporte (¿?), al menos por ahora, ha sido no "colaborar" con ningún adúltero... :P
No todo vale por igual: inmoral es no vivir con pasión, es no respetar la propia esencia, es no amar sin condiciones, es el apego emocional y material. Inmoral es ser esclavo de la arrogancia, no ser libre, sucumbir ante la irremediable incertidumbre.
PD: ¿¿Será poco ética la extensión de mi respuesta??... :S