CristianFate
Reg.: 22 jul '07
Mensajes: 1786
Ubicación: Argentina
Sexo: Hombre
Edad: 49
Rol: Dominante
Collar: {CrF}
Tiene sumisos/as

enviado el domingo 19 de diciembre de 2010 a las 16:31:01
no me gusta hablar de los otros de manera desvalorizadora, porque no me gusta ponerme a mi mismo en el papel de "yo sé lo que todos tienen que hacer para ser felices en la vida". Pero sí puedo hablar del vainilla que llevo adentro. ¿Será que todos tenemos un vainilla adentro? De este modo me siento mucho más cómodo para pensar qué cosa es ser vainilla y qué cosa ser BDSM, o como el BDSM puede transformarse en un vainillismo disfrazado de fustazo.
Para mi descubrir el BDSM fue un cauce, un cauce que me permitió sacar con placer, una cantidad de cosas que me presionaban por adentro, y que no podían salir por el cauce vainilla. El BDSM me sacó prejuicios, culpas y miedos, y me abrió un inmenso campo de placer y de exploración de nuevas formas de placer.
Pero ¿cómo se separa "lo que no me gusta" del prejuicio? ¿Cómo sabés que lo que no te gusta, no te gusta porque no te gusta, y no porque lo ves desde el prejuicio y el miedo? En realidad nunca se pueda saber bien. Hay que probar y a veces probar varias veces.
Me acuerdo la primera vez que me incitaron a tomar el café sin azucar para poder descubrir el placer del "verdadero" sabor del café. La primera vez no me gustó mucho el café sin azucar y la segunda tampoco. Ahora me parece un desperdicio tomar café con azucar. Algo parecido me pasó con la ópera. Me llevó un tiempo de escuchar sin que me gustara, hasta que me empezó a gustar muchísimo (ohhh Smooth).
Bueno, yo creo que ahí está el secreto, o al menos gran parte del secreto, del BDSM. Que para llegar al placer hay que pasar siempre por un cierto displacer. Que el placer se construye, explorando sensaciones y emociones oscuras, complejas, variables, difíciles de atrapar, que muchas veces no tienen nombre, que muchas veces están cargadas de prejuicios, culpas y miedos. Que hay todo un océano de placeres del otro lado de la cordillera, pero que para llegar a ese océano hay que permitirse ir y por sobre todo, animarse a ir. "La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes, los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan ahí", dice Silvio Rodríguez. Se aplica perfectamente al BDSM.
Así que entonces, el BDSM es seguir explorando esos territorios que te dan miedo y renovar una y otra vez la victoria contra tus propias cobardías.