Meto baza porque el tema comenzó a charlarse en el último after, a cuento de la sugerencia de BLueVeLVet a cristianfate{AAC} para que iniciara este hilo.
No recuerdo si de la sugerencia surgio otra charla sobre las etiquetas con historia_de_O (no sé si está bien escrito el nick), o viceversa, donde básicamente el planteo era qué tan válido o necesario resulta etiquetarse uno (o al otro) como homo, bi o heterosexual, y se me antojó mencionar dos aspectos (que se vienen mencionando en el foro en relación a otros tantos temas):
1) Que el etiquetado forma parte del proceso natural de pensamiento/lenguaje, uno discrimina para poder diferenciar, identificar y clasificar, y en todo caso los conflictos surjen cuando se arriban a conclusione a partir de este proceso.
2) Que cuando uno nombra una cosa para mencionarla en su ausencia, destruye a esa cosa porque apela a la concepción abstrata de los demás sobre otras cosas que tienen el mismo nombre. El ejemplo sería, si yo relato un episodio y menciono una mesa que el otro nunca vio, apelo a la forma en que el otro imagina a una mesa, y la mesa de la que hablamos deja de ser la mesa de la que hablamos, es decir, la de mi experiencia como relator, que en cierto sentido -sobre todo si luego alguien relata mi relato sin contar con la experiencia- es destruída por el relato.
3) Juntando (2) y (1) resultaría que el etiquetado, al apelar al concepto abstracto que tiene el otro deslindado de la experiencia o conocimiento real sobre lo que fuera etiquetado, en definitiva a lo que apela es a un prejuicio (la idea o juicio abstracto que se tiene de algo antes de conocerlo), con lo que en estos casos, la discriminación como proceso de clasificación deviene en discriminación como prejuicio.
El asunto por el que traigo esto a colación surge de las palabras de cristianfate{AAC}:
Es algo que está dentro mío y se relaciona con la líbido, pero no con el deseo sexual, no al menos en términos de heterosexualidad o homosexualidad.
Y parte del problema es este de que estos términos no están apropiadamente definidos y consensuados. Por ejemplo, ante la situación de un hombre X penetrando a una travesti, algunos argumentan que X está teniendo un comportamiento homosexual activo, mientras otros argumentan que X está teniendo un comportamiento heterosexual porque acepta la consigna de feninización de la travesti. Luego si al hablar de X alguien dice que es heterosexual, la etiqueta no se condice con el primer argumento y si dice que es homosexual, no se condice con el segundo argumento, y el problema en definitiva es que los interlocutores (quien dice algo de X y quien lo escucha) apelan a sus propios "argumentos" para interpretar estos términos y dan por sentado que se trata de los mismos términos.
En la charla, cristianfate{AAC} mencionó que esto surge por el uso de sustantivos y adjetivos en nuestro lenguaje, mientras que existen lenguajes en los que sólo hay vervos, las cosas no son sino que van siendo, deviniendo o cambiando, lo que me recordó el planteo de un filósofo de comienzos del siglo XX cuyo nombre no recuerdo, que afirma que la mayoría de las confusiones en la comunicación (y por ende de los prejuicios) parte del uso de determinados verbos y estructuras del lenguaje, principalmente el verbo ser, que adjetiva a la cosa atribuyéndole características en forma inamovible porque facilita o habilita a suponer que esta atribución es necesaria, objetiva y/o consensuada por todos. Este filósofo propone abandonar el uso del verbo ser (y todas sus conjugaciones) cuando uno se expresa, forzándonos de este modo a individualizar a quien propone la atribución. Entonces en vez de decir "Pedo es alto", debería decir "A Pedro (yo) lo veo alto" (ni siquiera "Para mí Pedro es alto", porque sigo apelando a la existencia de una atribución de altura consensuada y lo que pongo en tela de juicio en todo caso es cuanto se ajusta mi percepción a este consenso, cuando lo que es ilusorio es el consenso).
Me parece interesante el ejercicio de reformular las preguntas del planteo original, y las respuestas que cada uno formule, tratando de evitar el uso del verbo ser.
Y yendo específicamente al punto, para mi no se es homo, bi o hetero, sino que se tienen actitudes, pensamientos, fantasías, comportamientos individuales que podrían calificarse de homo, bi o hetero, y considerando que diferentes personas califican de distinto modo estas actitudes, pensamientos, etc., de tal modo que cuando digo que alguien es homo, bi, o hetero, me refiero a la tendencia que percibo del cúmulo de actitudes y comportamientos que conozco de esta persona.
Por otra parte me sucede otra cosa, y es que en esto del uso del verbo ser aplicado a uno mismo (yo soy), se pone en juego la identidad propia, la necesidad de otorgarnos un lugar en el Universo, de definirnos, de parecernos a alguna persona y de diferenciarnos de otra, a sabiendas de que los conflictos que uno puede tener con su propia identidad causan angustia y sufrimientos. En este sentido, valoro más el cuidado y el bienestar propio y ajeno que la honestidad intelectual a rajatablas que podría llevarme, por necesidad de definir y encasillar todo mi Universo, a vulnerar la identidad ajenta y producir esta angustia o sufrimiento, de tal modo que si alguien me dice "yo soy heterosexual", por más que en mi fuero interno calificase sus actitudes y comportamientos como "homosexuales", la definición que vale es la que esta persona tiene sobre sí misma.... en la medida que no afecte ni pretenda alterar las definiciones que yo tengo sobre mí mismo.