Puede ser una delicia ver juntos la tele en la camita un domingo a la tarde sin nada que cuestionar.
Como la tarde de ayer en que, mientras veíamos la falta de puntería de Racing en el arco de Gimnasia, yo le acariciaba la espalda con el dorso de mi mano suave, muy suave, casi imperceptible. Entonces, ella, volviendo su sonrisa hacia mí, mostrándome una sonrisa de todos los dientes, pelaba una mandarina y la desgajaba para dármela en la boca con una mano mientras la otra mano buscaba debajo de mi camiseta blanca el botón hacia el que, sinuosamente, desplazaba sus dedos que devenían anfibios para prensarlo con sus dedos pulgar y medio.
Entonces, deslizaba sus yemas en mi pezón con la delicadeza de unos labios que se posan y se escurren en los otros labios lánguidos y a la deriva.
Entonces, todo era tan suave, tan natural, la charla se distendía aún más hacia palabras sin fondo acerca del calvario de Racing o las tardes de frío dilacerante bajo un cielo gris plomizo mientras ella, con una mano, desgajaba otra mandarina para nutrir de cítrico mi boca al tiempo que sus dedos pulgar y medio de la otra mano se abocaban a la opresión de mi pezón, opresión en el umbral imperceptible de la caricia. Mientras, ella me embelezaba en el candor de su sonrisa de todos los dientes.
Entonces, ternura, candor, embelezo, dulzura, suavidad, y una pizca de "algo más"...todos estos ingredientes componían un refinado sadismo.
Entonces, un sadismo chiantii, casi imperceptible, que se plegaba y desplegaba en la piel de las yemas de sus dedos pulgar y medio de una de sus manos(mientras la otra se abocaba a desgajar la mandarina para dármela en la boca) para inscribirse en la superficie de uno de mis pezones, y componer el ínfimo territorio donde discurría el ingente dispositivo del placer-dolor-agonía-suavidad-dulzura.
¿Se han nutrido alguna vez de un sadismo semejante?
Un sadismo como ósculo de miel en los labios...


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