Me estás haciendo transpirar las neuronas, cristian!!
Entiendo que no apuntás a la ambigüedad de las palabras. Yo tampoco me refería a eso, sino a que generalmente tienen un sentido más amplio del que uno les atribuye por su contexto histórico-cultural.
(acá tuve que borrar como cinco veces porque no sabía ni como empezar)
Pero las paradojas pertenecen a la lógica, y la lógica es un abstracción. Que la luz se comporte como onda y como partícula es una paradoja porque nuestra lógica dice que no debería poder hacerlo. Que nosotros, seres humanos, dictaminemos que las ondas no pueden ser partículas y vice versa, es totalmente independiente de que eso suceda o no en la realidad.
Es decir, lo que vos llamás paradojas reales, para mí son limitaciones de la mente humana al concebir conceptos (redundancia intencional). O al aprehender la "realidad".
(paso a otro ejemplo así no me mareo)
Respecto de los nombres, es cierto que hay diferentes variedades y tipos de nombres, pero todos ellos pertenecen al conjunto de los nombres. Es decir, tenemos un gran conjunto, el de los nombres, y dentro de él diferentes categorías: nombre legal, nombre por el que todos te llaman, nombre artístico, nombre BDSM, etc. Pero todos ellos son nombres. La pardoja aparece si y sólo si consideramos que es posible tener solamente un nombre. O que nombres distintos necesariamente se contradicen entre sí.
Pero eso de tener "un" nombre "real", es algo cultural, no un característica propia de los nombres. Existen culturas y sub-culturas (como la nuestra) donde los nombres se manejan por reglas diferentes.
Si vamos al concepto amplio, sería la identidad como vos bien mencionaste. Porque el nombre es algo insustancial, es funcional unicamente en referencia a la identidad de la persona. Pero la identidad no tiene ningún requisito intrínseco de unanimidad de nombres. De hecho, mi propia identidad no se constituye sólo de mi nombre legal vs nombre BDSM, sino que incluye todos los nombres que alguna vez tuve, los nombres con los que me llamé. "Llamarse" es un verbo muy íntimo, señala el nombre que nos damos a nosotros mismos. Y que no tiene por qué ser uno sólo. Todos los nombres que tuve forman parte de lo que fui, de mi historia y crecimiento, y por lo tanto siguen siendo parte de mi identidad.
De la misma forma, para mi la "vida vainilla" y la "vida BDSM" son partes de la misma, única, amplia vida. Como la "vida metalera": voy a un recital con jean, tachas, pelo revuelto, hago pogo, hablo y me comporto de un manera particular y probablemente incompatible con el resto de mi vida. Pero cuando voy a trabajar de pantalón y camisa, mi identidad sigue incluyendo todos los aspectos "inactivos" de mi vida.Yo soy más que simplemente lo que estoy haciendo, y lo que esté haciendo no puede en modo alguno "negar" o "anular" lo que soy.
Sigo siendo una única persona. Pero que un "todo" tenga diferentes "partes", no me parece que sea una paradoja.
(nótese que lo del nombre es un ejemplo útil para analizar, no esto obsesionada con los nombres, pero se me está por desatar un crisis de identidad si sigo con estooooo aaaaaaarrrgghhhhh)
Porque la idea de paradoja permite precisamente abordar y sobre todo integrar esas realidades duales, contradictorias, de ida y vuelta, tan típicas del BDSM, donde uno de nosotros dice que el que manda es el Amo y cinco minutos después, otro practicante dice, no te equivocás, el que manda es el esclavo. Entonces, o seguimos tratando de convencer al otro que lo que él siente está mal, o encontramos algún mecanismo, como es la paradoja, para integrar estos discursos tan contradictorios que andan por todo el foro.
Creo, creo, que entiendo. Aún así, esto me lleva al punto de partida: la diferencia entre una paradoja real y la que surge de una visión parcial de la realidad.
Es un poco como la historia de los tres ciegos que fueron a conocer al elefante. A la vuelta discutían porque uno decía que era como una manguera muy gruesa, otro decía que era como un tambor gigante al que era imposible abarcar con los dos brazos, y el otro decía que era como un cordel que terminaba en una punta peluda.
¿Era paradójico que cada uno tuviera una idea distinta, o era que cada uno había conocido una parte diferente del elefante?
Podemos invocar el poder conciliador de la paradoja, sin duda. Pero también podemos reconocer nuestra ceguera y compartir cada uno lo que conoce para armar, entre todos, al elefante. Como estamos haciendo vos y yo en este mismo momento. Creo que el verdadero impedimento para armar el elefante no es tanto la contradicción o diversidad de discuros como la manía de andar queriendo convencer al otro (y la contraofensiva de "no querer dejarse convencer").


Mensajes Personales
21177
141
28





