Mientras el evento asoma yo en el pueblo con ella. Que la discusión discurso contra discurso, que la trama de la discusión acerca de la legitimidad de nuestros estilos de vida y nuestro derecho a las verdades propias. Ella, que piensa en mi falta que aminora su potencia y yo, en la de ella, en la fuente de mi frustración irredimible. Que nuestro problema es la penetración o la interpenetración, que no cogemos, que coger es ser cogido o que uno es cogido más allá de la penetración. y que yo no la penetro porque no quiero que venza, que la erección se me va como por un tubo en un segundo cuando la exigencia o la derrota se presentan en medio de los esfuerzos de las químicas. Y ella, que la cosa es así y así, que se coge por acá, pero cuidado que por acá no, que es por acá y si no es por acá, entonces acá no. Entonces, la lucha por el poder está en la legitimidad de la palabra, del discurso, de una retórica, de la preponderancia de un lenguaje sobre el otro, de un proyecto siempre más legítimo que el otro. Entonces, el trauma del poder como agotamiento de los cuerpos. Entonces, la baja energía y la manipulación del cerebro. Entonces, una caña de bambú llega a sus manos. Ella la palpa, recorre sus relieves. Entonces, ella mira la misma caña que yo miro. Entonces, nos ponemos de pie y mi cola desnuda y mi estómago contra la fría mesada de la cocina. Entonces, se eleva su autoestima, se eleva su tono y se hace potente la energía en el entre de nuestros cuerpos. Entonces, ya no el abismal territorio de nuestras retóricas, de nuestros lenguajes influyentes, sino el ínfimo territorio que hay entre su mano que mece la caña y mi cola que espera el impacto. Entonces, el juego de los impactos, de los golpes, ella que no defiende a mansalva los decimonónicos proyectos, sino que quiere que me bañe. Y, entonces, que no me baño, que sí te bañás, que no me baño, ZAS, que sí te bañás, ZAS, que no me baño, ZAS, que sí te bañás. Entonces, que a ver quien llega a su límite antes que el otro llegue al suyo, y también juego de a dos, lenguaje compartido, juego del poder y poder del juego, un juego que jugamos como los chicos, a fondo y muy seriamente, como los chicos que juegan a fondo su juego. Es legítimidad de a dos, es un juego que jugamos en la ínfima comarca o breve espacio entre su mundo y el mío. Y entonces, me voy a bañar, con el culito colorado, con las rojeces y las escoriaciones precisas. Y, entonces, su juego y el mío son un mismo juego aunque los dos sabemos que el juego no da otro poder que el poder del juego. Y el poder lo tenenemos los dos en vez de que el poder agote a lo que no lo tienen. Y, entonces, me voy a bañar, yo con el culito colorado y ella con la autoestima por las nubes y la caña de bambú jugando entre sus dedos...


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