Hoy que es un "día Puma" me voy a dar el gusto de hacer un hilo sobre cómo el BDSM y el rugby están unidos en mí. Jugué al rugby desde muy chico y lo jugué mucho. Y aunque hace bastante que no lo juego, aún lo siento como una parte constitutiva de lo que soy. El asunto es que el rugby y el BDSM se instalaron en mi vida casi al mismo tiempo.
El tiempo ha pasado y llamativamente mi mente ha ido asociando más y más el rugby con el BDSM, en mi experiencia personal. Es que si algo supe siempre es que el rugby duele, duele como la puta madre. Porque el rugby es antes que nada tackle. Taclear una y otra vez, taclear y volver a taclear y volver a taclear... Donde uno no taclea, es try. Y taclear duele en serio, no jodamos, como bien podría haber dicho la genial PaulaMM. Y el primer tackle duele, y el segundo duele mas, y los golpes se acumulan arriba de los otros golpes, y te aparecen los moretones y los raspones causado por un suelo que muchas veces tiene más tierra seca y dura que pasto... Marcas que van a quedar en tu cuerpo durante días, a veces años, a veces de por vida. Mi diente de menos es una marca del rugby, que a su vez marcó a un gran amigo con un amplio tajo encima del ojo izquierdo, que hoy lleva orgullosamente como una cicatriz.
Y además, el rugby no solo es que te duela, sino también hacer doler, causar dolor, marcar rigor, que el otro sepa que la próxima vez que quiera taclearte le va a doler mucho. Masoquismo y sadismo, en un entorno -como todo deporte- de Dominación/sumisión. ¡Nada se parece más a un partido de rugby que una sesión BDSM! Y no se puede jugar al rugby si no te gusta que te duela y si no te gusta hacer doler. O al menos si no aceptás el dolor como algo que no debe ser evitado, sino todo lo contrario.
Entonces, estoy absolutamente seguro que -al menos en mí-, el rugby y el BDSM entraron de la mano, canalizando necesidades y emociones muy cercanas.
Vaya así mi humildísimo homenaje a los Pumas y al rugby, desde el mundo del BDSM.


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