Saludos, soy un joven que apenas sí acaba de descubrirse como un switch. Antes que nada, quiero felicitar a los creadores de este portal. Su elegancia y buen diseño me han cautivado, y pese a ser español, he preferido elegirlo frente a otras opciones de mi tierra.
Quiero compartir, con quien pueda estar interesado, el camino que está tomando la relación switch de D/s que mantengo con mi pareja desde hace unos meses; y las dudas que han surgido durante el mismo. No espero que nadie me las solucione; pero sí encontrar comprensión y una oportunidad para compartir sentimientos intensos que la gente "normal" no podría entender.
Llevo con mi pareja varios años. Somos muy felices y estamos muy compenetrados, prese a barreras lingüísticas y culturales derivadas del hecho de que ella es de un país centroeuropeo. Sin embargo, no eramos ajenos a las discusiones y peleas aisladas, que para mí tomaban un cariz exagerado e incluso violento, algo que no me había pasado con otras personas. Llevábamos años luchando con esta situación, hasta que se me ocurrió que mi pareja pudiera ser masoquista; y que solo perseguía la confrontación inconscientemente, buscando violencia y dominio.
Puesto que los dos tenemos una alta energía sexual, y llevábamos tiempo participando en foros exhibicionistas y flirteando con la vida swinger, no nos sorprendió que la solución a nuestro problema fuera de tipo sexual. Efectivamente, desde que adopté una posición de dominio, una distinción Amo/esclava, el uso de azotes, bofetadas y otros correctivos convencionales, nuestro amor no ha hecho más que crecer.
Sin embargo, a mí me ha costado acostumbrarme a este rol. Quien viva en España sabrá el peso de la filosofía feminista en este país. Yo he sido educado en la idea de que un hombre dominante es poco más que un monstruo, y una mujer dominante una heroína. Esto tiene sus razones de ser, y no quiero entrar en discusiones políticas; pero ha afectado a mi capacidad para aceptarme como dominante, y ha privado durante años a mi amada de ser tratada como ella quería.
El caso es que ella es una mujer fuerte, orgullosa. Me decía que le gustaría dominar a otros hombres y mujeres. Recientemente, ha recibido la solicitud de un perro virtual para que se convierta en su Ama, y no podía estar más contenta. Aunque su inexperiencia y bondad se hacía notar, al temer herir y al asombrarse ante las peticiones de humillación de su sumiso.
Nuestra relación estaba clara. Yo era Amo en casa, ella lo era fuera. Ambos tenemos libertad para la promiscuidad, que en general no hemos empleado. El dominio es un dominio light, de pedir y obedecer, de castigos físicos y psíquicos suaves. 24/7, pero privado y mezclado con la vida y el romance normal de una pareja enamorada.
Pero hace dos noches ella, animada por mí, tuvo una experiencia sexual con otro hombre. Fue decepcionante genitalmente, pero gratificante por la perversión en sí. Aunque vivimos juntos, esto sucedió en otro país, pues está trabajando durante unos meses en el extranjero. Desde entonces, su confianza ha subido por las nubes. También su perversión. Eso me hace muy feliz.
Yo, que en la jueventud había tenido fantasías de sumisión, pero no de dominación (a causa de mi educación lo consideraba reprobable), me sentí excitado de ser cornudo. Y a ella eso le abrió una puerta a su perversión oculta. Poco a poco empezó a reconocer que querría tener amantes, como habíamos hablado otras veces. Pero con la novedad que querría prohibirme a mí tenerlas. Que le gustaría atarme, follar a una mujer (en general tiene tendencias más lesbianas que hetero, ultimamente), hacer lamer su polla de goma, verlo todo sin poder tocarme, y hacerme dormir al pie de la cama donde ambas reposan. Que le gutaría usarme, mearme, humillarme, golpearme.
Antes de que nadie se adelante a juzgarla como una oportunista, todo esto ha surgido en conversaciones cargadas de amor y comprensión. De mutuo acuerdo, en las que la excitación era compartida. A cada palabra mía, a cada duda, ella ha ofrecido parar. Pero yo creo en la honestidad y en no reprimir los deseos, por muy duros que puedan ser. Tenemos nuestra palabra de seguridad y nuestro sentido común para estos casos.
Todo esto sirva de presentación para explicar mis dudas. Para mí está claro, ambos somos switch, ambiguos. Lo cual no es sorprendente, porque somos personas flexibles, que nos complementamos muy bien, y a las que nos gusta explorar la sexualidad en todas sus dimensiones. Ella es bisexual, yo heteroflexible (y uno de sus deseos, claro, es hacerme tener experiencias homosexuales).
El caso es que es más difícil ser switch de lo que parece. Una parte de mí querría entregarse, ser usado como un perro, ser su propiedad. Otra parte encuentra eso indigno, siente que perderé mi estatus de Amo de seguir por esa vía. Mis sentimientos juveniles se excitan y alegran al ver sus sueños de sumisión hechos realidad. Mi presente dominador no quiere perder el control, y sabe que mi amada necesita dominio y fuerza. Estos sentimientos chocan dentro de mí, con la potencia de una droga. Sensaciones intensas, dolorosas, excitantes; que se acentúan por el hecho de que no podré estar junto a ella hasta dentro de unos meses.
Me excitan su maldad, su dominación, su egoismo, sus deseos de humillarme. Siempre he tenido debilidad por las mujeres fuertes y malvadas. Al mismo tiempo, encuentro dificultades para aceptar estos mismos sentimientos debido a mis tendencias dominantes, más actuales. No es fácil. No creo que haya una solución más que ir descubriéndolo juntos, hablar y hablar, sentir y experimentar. La distancia física puede ser un impedimento, o un potenciador.
De momento, lo entiendo como una atracción de almas gemelas, de personalidades fuertes y rebeldes con necesidades similares. Un día ella, otro día yo. Nuestra solución actual incluye reglas complejas (me gustan los juegos y las reglas), pero se resumen en que yo mantengo un control de dominio sobre ella, mientras que a ella le están permitidos los y las amantes. Que cuando me haga cornudo, para lo que no necesita permiso, ella será dominante durante la sesión inmediata. Que cuando yo lo desee, o como premio o condescendencia, ella podrá ser dominante. Que no podemos cambiar de rol a mitad de una sesión. Aún así, sigo teniendo una mezcla de intriga, miedo, excitación, deseo y rechazo ante su recién descubierto sadismo dirigido a mí. Sé que es un sadismo amoroso, pero es una novedad que me cuesta encajar. Es más duro y humillante que el que yo empleo con ella.
También temo que ella acabe enganchándose a ese poder y rechace finalmente su sumisión, rompiendo el equilibrio de nuestra pareja. Aunque ella me ha prometido que no será así, y no tengo razones para dudar de sus palabras. Pero la razón y los sentimientos son cosas distintas.
En fin, esa es mi historia. No sé si he sido claro. No sé si alguien tendrá consejos que dar, o si a estas alturas están todos roncando y buscando otro post menos tedioso. En todo caso, necesitaba expresar estos sentimientos a alguien que no fuera ella, que ya comparte mi confusión. Y este me pareció un buen sitio.
Un saludo, y gracias por el espacio. Y por explorar la sexualidad con una mente abierta, lo más bello que se puede hacer en esta vida.


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