Kronos, magistral lo tuyo.
Me gusta mucho el enfoque de KHAIMAN, y me parece importante remarcar un aspecto mencionado por él y por Kronos como marco de discusión, reformuñandolo de este modo:
Hay dos cuestiones separadas pero que confluyen, y usualmente se confunden con la misma cosa. Una es la ideantidad sexual, y la otra es el comportamiento sexual. La identidad es una abstracción, una entelequia cuyo propósito último es lidiar con la imagen que tenemos de nosotros mismos y con la que le proponemos a los demás en cada contexto social en el que estamos inmersos (y pluralizo porque esta imagen difiere en cada contexto, no es la misma dentro de la comunidad mazmorrera que en la oficina). El comportamiento sexual, en cambio, está signado por nuestros deseos y limitaciones, puede o no involucrar a los otros, si bien los conflictos con nuestra identidad pueden actuar como factores limitantes o darle forma a la expresión y concreción de nuestros deseos, es decir, a este comportamiento.
El expresarnos en términos de lo que somos con criterios taxonómicos (pertenencia a clases disjuntas en vez de a conjuntos que pueden solaparse) es un requerimiento intelectual del proceso de identificación cuyas "fotos instantáneas" en cada momento denominamos identidad (propia o ajena), que siempre involucra a los otros (incluyendo a ese otro imaginario al que denominamos yo) y por ende el requerimiento transcurre en el ámbito de la comunicación entre uno y esos otros. La identidad es un mensaje, es meramente información (y no "lo que somos") que siempre tiene un destinatario y debe llegar a un destino, y a tal fin sortear las limitaciones en la capacidad de interpretación de mensajes que tuviera este destinatario, y a tal fin se contempla un denominador mínimo común entre las capacidades de quien emite y quien recibe el mensaje, y es este denominador común el que fija el criterio taxonómico, el que "coloquialmente" nos impone definirnos como heterosexuales o homosexuales en forma excluyente.
Pero cuando uno mira el comportamiento y lo disocia de la cuestión de la identidad, las cosas no son tan claras, estos requerimientos intelectuales no aplican para formular modelos explicativos como el que plantea el autor del hilo, lo homo y lo hetero fluye y confluye y, a lo sumo, y tirado de los pelos por requerimientos intelectuales, podríamos hablar de proporciones de lo uno y de lo otro que intervienen en cada reacción, pero en realidad ni siquiera hay homo y hetero, porque son estas reacciones a los estímulos las que, a fin de identificarnos, son asociadas arbitrariamente a la definición particular que tenemos de homo y de hetero.
Por supuesto, puestos en el brete de formular modelos explicativos del comportamiento sexual, es inevitable que quedemos atrapados por las limitaciones de nuestro lenguaje, y ciertamente a causa del trato que impone la cultura a la sexualidad desde lo político (lo pemitido y lo prohibido), por abiertos que seamos, carecemos de terminología, de palabras que capturen diferencias sutiles en los deseos, propósitos, intenciones, efectos, reacciones, etc.: decimos deseo como si el deseo fuera siempre lo mismo, igual en intensidades y cadencias, cuando internamente quizá existan decenas de cosas diferentes para las que sólo contamos con la palabra deseo para expresarlas intentando que quien escuche reconozca en sí mismo la variante particular de deseo a la que nos referimos en primer lugar. Y así caemos en generalizaciones que pueden ser absurdas.
Entonces, no siempre ni necesariamente el penetrar puede asociarse a lo masculino y ser penetrado a lo femenino, ni vestirse con ropas diseñadas para una mujer asociarse a la femeneidad ni a la homosexualidad, ni todo contacto físico o interacción en un contexto sexual con alguien del sexo puesto ser catalogado de heterosexua o con alguien del mismo sexo, de homosexual, y viceversa. En cada caso confluyen factores distintos, y en última instancia el resultado es catalogado para satisfacer requerimientos del intelecto, y es catalogado de forma diferente por intelectos diferentes.
Y como uno no puede imponer el valor del criterio del intelecto propio por encima del del intelecto ajeno, para mí es homosexual (o heterosexual) quien se considera a sí mismo homosexual (o heterosexual), independientemente de sus comportamientos y fantasías.
Dicho esto, y solo a fin práctico, podemos hablar de "tendencias" o "reacciones" o "fantasias" hetero u homosexuales a falta de un vocabulario que aporte las palabras necesarias para distinguirlas de los términos homosexual y heterosexual que atañen a la identidad sexual. Y creo que sí, podemos hallar patrones de comportamiento paradigmáticos, pero considerando que no todo comportamiento con elementos de un patrón es necesariamente explicado por este patrón (es decir, hay quien puede hacer lo mismo que estipula un patrón, pero por otros motivos y con distintos significados).
Entonces, creo que de lo que habla el autor del post, es de un patrón de comportamiento en particular, con el que además él se identifica, y que ha hallado en otras personas a su alrededor, "detectando" al patrón en sí. Este patrón es lo que configura el estereotipo del cuckoldry, denominación en inglés al fetiche "del cornudo" que involucra a la humillación del hombre para configurarse como tal. Es decir, no siempre que hay "cuernos" se configura el fetiche del cuckoldry -el corneado tiene que ser parte o ser consciente de los cuernos y aceptarlos-, y no siempre que una mujer tiene relaciones sexuales con otros hombres y la pareja es consciente o participe de ello, la situación es humillante para el hombre (ejemplo, las parejas abiertas o los swingers).
Sin embargo, creo que el cuckoldry involucra a tres aspectos o apela a tres "modalidades" o "arquetipos" que pueden estar presentes simultáneamente o no, o presentarse sólo uno de ellos, como leit motiv del comportamiento y de los juegos simbólicos asociados:
1) La explotación del diferencial existencial enre el hombre y la mujer. El que la maternidad es un hecho y la paternidad es un acto de fé, que posiciona existencialmente en forma distinta al hombre y a la mujer, mientras que la mujer tiene un propósito existencial evidente, el hombre no lo tiene y debe manufacturarlo para equipararse (¿para qué existo?), y las culturas patriarcales (que son predominantes) se construyen en referencia a esta cuestión: apropiarse de la mujer para controlar esta función reproductiva y así trasnferirle al propietario (un hombre) su propósito existencial, lo que requiere de muchos apuntalamientos simbólicos: el control político del comportamiento sexual de la mujer (el valor de la virgindad femenina, del matrimonio como patrimonio, la educación del deseo, etc.), el otorgar el apellido del padre a los hijos, la distinción entre dama (con propósito existencial transferible) y puta (no apta para transferir este propósito), el uso del lenguaje (ej. en los insultos: "bastardo", "hijo de puta"), etc. Este leit motiv consistiría entonces en la excitación que produce la angustia que produce el romper este arquetipo cultural, explicitando la violación o ruptura de algunos o de todos estos puntales simbólicos que le otorgan lugar existencial al hombre (y por ende, le transfieren el poder a la mujer).
2) Una expresión (a veces reprimida, otras explicitada) de la homosexualidad que involucraría al edipo, en donde el leit motiv consiste en que el desempeño sexual del hombre sea comparado contra el desempeño de los amantes de su esposa para que ella dictamine que él no es suficientemente apto para comportarse de acuerdo al estereotipo del hombre heterosexual, con una de dos consecuencias posibles (o ambas), a) posicionarlo como testigo del desempeño de esos amantes, haciéndolo inmerecedor de los favores sexuales femeninos (lo que lo reposiciona en el lugar del hijo que desea a la madre y se enfrenta a la prohibición impuesta por el amante de su madre -su padre), y b) que esto justificaría (a modo de aprobación materna) que deje de comportarse como un hombre y lo haga como una mujer (vestimenta, asignación de tareas que corresponden al estereotipo culrural de lo femenino), que eventualmente puede proporcionar un justificativo intelectual para actividades homosexuales (servirla a ella sirviendo sexualmente a sus amantes o "colaborando" en los actos amorosos entre ellos).
3) Una expresión de sumisión ante un Ama (que no requiere explicación alguna en este foro).
El punto es que el patrón del cuckoldry (el conjunto de actividades típicas que involucra) no necesariamente implica sumisión, no necesariamente implica homosexualidad, no necesariamente implica un complejo de edipo, no nesesariamente implica a cuestiones existenciales. Es probable que involucre a una o mas de estas cuestiones o a todas... y puede que en algún caso, a ninguna. Para discutir el fetiche puede sea necesario contar con un mayor vocabulario, una palabra para "cuckoldry escenario 1", otra para "cuckodlry esenario 2", etc. y el que dispongamos de una sola palabra aporta a la confusión en los planteos.