Uno de mis mayores némesis siempre ha sido –e imagino que siempre lo será- el tentarme de risa. Saber que no debo reírme por tal o cuál motivo, y que por algún factor ajeno a mi voluntad, todo me cause gracia. Algo así como que le pique la nariz a quién tiene las manos ocupadas (o quizás atadas).
La pregunta sería… ¿Les ha pasado dentro de las sesiones BDSM? ¿Alguna vez sus sumisos/as han comenzado a reírse sin poder parar? Que eso enojase al (a la) amo/a en cuestión, y encima que los castigos lograran causarle más gracia al (a la) sumiso/a. ¿Alguna vez has hecho enfurecer a tu amo/a por no poder dejar de reírte? ¿Qué medidas debe tomar la figura de autoridad? ¿Se ríen juntos?
¡Ojo! Por más similitudes que tenga una pareja dentro del BDSM, el sentido del humor podría ser completamente diferente, y –eventualmente- eso podría llegar a generar caos. ¿O no?


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