Muchas gracias por los halagos.
Mi respiración se aceleraba, podía sentir mis latidos mientras caminaba. La presión que mi cuerpo ejercía sobre la punta de mis pies comenzaba a producirme una sensación deliciosa e intensa. Ya cerca, comencé a aminorar la marcha hasta detenerme por completo. Jugué un poco con uno de mis tacos en el umbral mientras buscaba las llaves.
Abrí la puerta con mi bolso negro de charol en una mano y mi cigarro encendido en la otra; solo pude escuchar lo monótono del ambiente vacio, él aun no llegaba de su trabajo.
La pulcritud del lugar era absoluta. Solté, entonces, mi bolso dejándolo caer al suelo. Abro el cierre metálico y brillante para sacar algunos elementos que más tarde utilizaría en la habitación contigua.
Termino de ordenar el lugar a mi gusto, me siento plácidamente en el sofá Chesterfield Blanco y mirando a través del inmenso ventanal, lo espero mientras oscurece, con la mitad de mi cigarro encendido.
A la hora pactada siento el sonido de la llave activando el mecanismo de la puerta. Puedo ver en su rostro la incomodidad producida de utilizar durante todo el día mi ropa interior más diminuta. Sin embargo, al notar mi presencia en la habitación su expresión se desdibuja y comienzo a notar su ansiedad por rendirse ante mi figura. Se arrodilla y se acerca tímidamente hacia mí. Le ordeno que bese mis botas de charol, su punta, sus tacos...El juega con los límites entre mis piernas y la caña.
Después de humedecer y limpiar cuidadosamente cada una de ellas.
Le digo: -Esperáme en la oficina, voy en un momento.
El se dirige confiado al segundo piso, obedece sin dudarlo ni cuestionarme.
Al abrir la puerta nota que el escritorio de roble no está, tampoco los sillones.
La habitación está completamente vacía, exceptuando tres sillas ubicadas en un rincón.
En ese momento escucha mis pasos subiendo por la escalera. Los pies descalzos tienen un sonido tan particular cuando están en contacto con la madera de los escalones, un sonido que ningún sumiso bien adiestrado confundiría.
Entro en la habitación y el queda embobado por mis vestimentas completamente negras, un kimono de suave satén negro, mis uñas pintadas imitando el mismo color, mis ojos delicadamente delineados y mi boca en un rojo furioso.
Inmediatamente se escuchan algunos pasos más por la escalera.
Esta vez tres mujeres con stillettos altísimos ingresan en la habitación y luego de murmurarme algo en el oído se acomodan en las sillas del rincón.
Él permanece inmóvil, cada vez más rígido.
- Para una domina no hay mejor cómplice que otra mujer avasallante.
No pude evitar que una pequeña sonrisa asome.
Él, aun vestido con la ropa de oficina espera, y yo, señalándolo, les pido a mis cómplices que lo desnuden completamente.
Ya desnudo él se acerca nuevamente a mis pies y yo le doy una túnica que una de las dominas sostenía en su mano. -"Ponételo ahora mismo." Le ordeno; y acercándome a su cara. - "Voy a demostrarte la razón por la cual gusanos como vos deben rendirle pleitesía a mujeres poderosamente femeninas. Espero te esfuerces, nunca me gustaron los blandos que obedecen sin plantearse cual es la razón de su sumisión. Que no te preocupe mi integridad; voy a darte razones para que continúes arrodillándote cada vez que yo entro en la habitación."
A lo que él contesta: -"El placer solo de su presencia hace que sus ordenes sean mandatos para mí."
Ambos nos ponemos en posición, las tres dominas observan, a través de sus lentes oscuros, con atención. Casi en simultáneo cruzan sus finas y fuertes piernas vestidas en red - arañas esperando su cena.
La primera ronda comienza. Analizo cada uno de sus movimientos. El intenta dominarme. Me toma con fuerza y rodea mi cuello con uno de sus brazos. Inmediatamente me zafo devolviéndole una patada en su cabeza, que se desplaza por el impacto del golpe. El pierde el equilibrio y cae al suelo; con velocidad y determinación realizo un enganche con mis piernas alrededor de sus brazos dejándolo inmóvil por unos segundos. Aprovecho la situación y le propicio una patada en su cara.
La domina que antaño me había susurrado al entrar en la habitación baja sus lentes y me sonríe complacida.
Seguido esto, él logra reincorporarse.
La segunda ronda comienza.
Las dominas que en un principio permanecían calladas comienzan a murmurar. -"Cuando ella termine con el voy a penetrarlo mientras lo mantengo callado con una de mis medias en su boca." La otra le contesta: "Quedáte callada si no querés terminar como él."
Apenas se abre el combate, el se abalanza sobre mí, pero cae al piso luego de una patada frenética en su cuello. Casi se pudo oír un "clac" resonando en el lugar.
Se levanta con confianza y logra tirarme al suelo
Con tranquilidad. Pongo uno de mis pies en su cara, y él me sostiene de las manos mientras permanezco en el suelo.
Hago fuerza con mis pies en su cara y estiro sus brazos al máximo.
Comienzo a sentir la rigidez de sus músculos tensándose cada vez mas.
Cae vencido de espaldas.
Y mis pies aun en su cara.
Enseguida bajo del pedestal y lo pateo con todas mis fuerzas, no puedo tolerar tal atrevimiento, y suelto un pequeño grito de emoción al golpearlo en la cara con mis pies transpirados,
Inmediatamente las dominas se levantan y aplauden.
Una de ellas, saca de entre sus medias de red una fusta que guardaba sostenida su liga
Mientras tanto, comienzo a patearlo en la cara, el grita por el dolor y al mismo tiempo aprovecha para saborear el sudor de mis pies de fémina.
Pongo la punta de mi pie dentro de su boca por unos minutos hasta que comienza a ahogarse.
La domina de la fusta se acerca y me dice. Parece ser que este gusano quiere despertarse mientras observa la erección que inminente se levanta a través de la túnica.
Toma la fusta y lo golpea en los testículos.
Saco mi pie de su boca y comienzo a golpearlo en el estómago.
- "Tendré que darte una lección, y es una lástima que no vayas a poder reproducir tu aprendizaje. ¡Arrodilláte y lame mis pies ahora!"
El obedece y se pone de rodillas. Cuando lo hace comienza a lamer y besar mis pies, huelen realmente mal, puedo sentirlo desde la altura.
Las rodillas comienzan a molestarle, pero él sabe que el placer de estar besando la planta de mis pies, lamiéndome entre los dedos, sintiendo ese sudor tan femenino; hacen que la experiencia sea inolvidable.
Mi pie en punta repentinamente lo golpea con violencia en uno de sus pómulos.
-"Ahora vas a besar y oler los pies de todas las dominas en esta habitación, y si no lo haces bien, si no nos convences a todas de que lo haces correctamente vamos a matarte sin dudarlo."
El tipo le quita los stillettos a las hermosas y poderosas mujeres; mientras una de ellas pone uno de sus tacos entre las nalgas del tipo, que hace lo que debe con el mayor de los temores, sabe que un error puede terminar con su vida
Ponemos entonces nuestros pies en su cara, los frotamos contra su rostro, su boca, su pecho. El comienza a oler los distintos aromas destilados de los pies de cada una de esas intensas mujeres.
El tipo comienza a masturbarse, Inmediatamente apoyo mi pie sobre su nariz: -"Olélo, que mi aroma te penetre" La domina de la fusta le dictamina masajear su otro pie mientras lame y huele los de todas,
Su excitación es cada vez más alta, su pene se endurece como roca. No le permitimos seguir masturbándose. Sus manos deben estar dedicadas solamente a nuestro placer.
El tipo no sabe como saciar su excitación, se retuerce en el piso
Sin soportarlo mas, deja de tocar nuestros pies y comienza a masturbarse con velocidad.
La cara de las mujeres se transforma.
Inmediatamente, todas quitamos nuestros pies de su cara.
El tipo aun siente el aroma en su boca y en su nariz, el sabor de la traspiración en su lengua, la humedad en su cara.
Continúa masturbándose.
Al ver esto comenzamos a patearlo en la cara.
La desobediencia tiene sus consecuencias.
El tipo no tiene tiempo para reaccionar, la sangre le brota a borbotones. Mis pies se enroscan con habilidad alrededor de su cuello, mis tobillos lo presionan. El ultimo "clac" suena en el ambiente. El mismo que antes se destacaba por su pulcritud, está teñido de un rojo violento y hermoso, rojo como mis labios...
Las luces se apagan, el combate está terminado, luego de ponernos nuestros hermosos y deslumbrantes stillettos, una tras otra nos retiramos de la habitación y dejamos al tipo tirado...


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