Lo primero, por supuesto, dar las gracias a Kronos y a kaos(Kns) por llevarnos de la mano a tan interesante evento.
Resalto este viaje de tanto tiempo del director y los actores, desde su primer encierro en un hotel a la búsqueda de los personajes, y más que eso, al encuentro del hielo y del fuego preciso para jugar a fondo el juego de las torsiones de las palabras, del vuelco del corazón. Se percibe que buscaron en la embriaguez de los sentidos al tiempo que en las palabras, que en los contextos y en los subtextos.
Brillante la idea de Claudio de juntar en el espacio y en el tiempo a esas tres mujeres, y de dejar afuera, casi en el mundo platónico de las ideas a Leopold. Esas mujeres eran forzadas a interactuar, a desgañitarse, a morder el polvo de la derrota, a pasarse de la meta y volver hacia atrás como en el frustrante juego de la oca, y a cuadrarse cuando en la puerta sonaban los brutales golpes, siempre en el instante supremo del éxtasis, nunca cuando los cuerpos estaban exangües.
Mi sobresalto provenía de la misma habitación, no de la ultratumba de los supuestos afanes de Masoch. Los dos momentos en que Aurora "atraca" a Hulda. En primer instancia, los cachetazos, uno tras de otro, la perplejidad en el rostro de Hulda. Una perplejidad detrás de otra, el contraste entre su goce redivivo y el rostro desafiante pero ya entregado y a merced de los remates. ¡Por fin no estaba en mis certezas el desenlace de los cuerpos! Y que impacto la furia en la mano de Aurora, furia en la mano que se adelantaba a todo pensamiento de su dueña. Y yo...¿a quien veía entonces? ¿ A Hulda y Aurora o a Anabella y a Marcela? En segunda instancia, Aurora, planta carnívora trepando a la yugular de Hulda (¿O Marcela depredando a Anabella?). Juro que sentí esos dientes hincando en mi cuello.
Me fui a "El Angel Exterminador", de Buñuel, un desconcierto de seres incapaces de salir de una habitación sin cerraduras, ídolos con pies de barro, mensajeros portadores de la carta que van a entregar, en la que se dice ellos mismos deben ser confinados inmediatamente.
Yo ví muchas madres más que las tres madres que Deleuze destaca de Sacher. Además de la tierra, el vergel, la estepa, vi Kings Road(la plaza de los punks de los 70), en Londres, vi Roissy, el internado-patria de "Historia de O", en París, vi la oscuridad de una noche en Praga,...
Y otra genialidad: la voz en alemán de un Masoch. Cuan flautista de Hamelin que obnubila a todas con el timbre de su voz, con la cadencia de sus fonemas deslizándose. La música, que es el efluvio que traspasa todos los autismos, era aun más poderosa que la letra...
Y luego el debate...
Antes, nosotros siendo hablados por esos cuerpos de mujeres en danza. Ahora, ellas siendo habladas por nuestras vidas y nuestra presencia coreográfica de grupo.
Dos Universos saludan. ¿Se enfrentan? A veces, se transfunden.
El debate fue riquísimo. Se tocaron tantos puntos...cristian refirió claramente a dos momentos: la sexualidad y la condición de la mujer en la època de Masoch, y nuestra legitimación ante ellos, ante nosotros mismos, de nuestra condición, y de la condición vainilla de "los otros".
Hubo innumerables momentos dentro del debate. Yo, como en un sueño que se va alejando de mí, me quedo con el vaho de las resonancias. Los juegos de alta alcurnia desplegados por Sacher, quien, a mi entender, fue infinitamente más un hombre literario que un hombre que pusiera definitivamente en acción sus fantasías, dejan entrever que jamás pierde su mando, que convierte a la mujer en el mero instrumento con el que ejecuta sus fantasías. Pero, también, deja entrever al hombre-insecto (excelentemente captado por Claudio en su magnífica idea de convertir en un mannequin a Sacher, no podía haber un Sacher de "carne y hueso", tenía que pasar del mito al insecto). Para pensar la continuidad de la inconclusa obra de Masoch, tal vez Claudio podría dirigir una versión de "La Metamorfosis" de Kafka, que es, sobre todo, un homenaje del gran Franz a Sacher Masoch (El nombre Gregor, homenaje a personaje de Masoch, y Samsa, como diminutivo de Sacher Masoch). En definitiva, el hombre que un día se despierta insecto y que debe comenzar a vivir su nueva vida ínfima de ser degradado, con las limitaciones de la casi inexistencia, con el eterno exilio de la vida de los hombres. Samsa es Masoch llevado más allá de las habitaciones frías y de piedra, de la función de discreto cochero. Samsa es el abismo de Masoch.
Luego, el pasaje de la fantasía a la realidad. Y nosotros, portavoces de la transfusión de la fantasía a la realidad, seres que, estando casi treinta delante de los hacedores de "El legado..."(parecíamos treinta Robespierres a punto de tomar "La Bastilla") nos mostrábamos como experimentadores de nosotros mismos, Dr Jekill y Mr Hide de las prácticas BDSM que hacen de nosotros seres que gozan de la certeza de sus experimentaciones pero también de la incertidumbre de sus nuevas identidades.
Pero esas actrices, ese director, esas asistentes, ponían la cara al asombro, el pecho a nuestras balas anti-vainillistas, y las palabras al tránsito se sus propias sexualidades futuras.
¡¡¡Y tantísimo tantísimo más!!!
Para terminar, la infaltable pizza porteña de los mazmorreros, la pasión en las discusiones, la risa del encuentro. Para mí fue un "bello impacto" conocer a Fer y mell: como dice cristian, la sonrisa de los dos, la felicidad en cada moretón de mell, la gracia incomparable en los movimientos de Fer. Sus cuerpos también hablaron en esta noche de inéditas intensidades.