Desde muy chica, mucho antes de que imaginara lo que es el BDSM, las bofetadas, nalgadas y escupidas fueron "normales" para mí en las relaciones casi incestuosas a las que me sometían. La lluvia dorada es, como creo que alguien ya lo dijo antes, común al SM y a las relaciones sexuales fuera del SM. La marrón no fue lluvia exactamente, sino haber sido puesta bajo un váter falso, atada al piso de un patio durante una reunión, y allí iban todos a volcar sus necesidades fisiológicas. Lo único que tenía en mi cara eran unas antiparras que me pusieron antes de fijarme al suelo y colocarme ese vater falso. La blanca también es común al SM y a las relaciones sexuales fuera del SM y, en mi caso, las propongo como alternativa para que no acaben dentro de mí los ligues. Pero de todas ellas, las que me fascinan, me subyugan, me hacen sentir tan entregada cuanto humillada -y por ende, muy muy excitada- son: la blanca, la dorada y la plateada.


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